Follada prohibida en la oficina con dos compañeros cachondos

Trabajo en una oficina de marketing, soy Laura, 28 años, divorciada y con ganas de todo. Ese viernes nos quedamos hasta tarde mi novio Pablo, que es mi jefe de equipo, y Carlos, el comercial soltero que siempre anda con la polla tiesa. Estábamos revisando expedientes en la sala de reuniones, luces bajas, el edificio vacío. Pablo me rozaba la pierna bajo la mesa, yo sentía su mano subiendo por mi falda. ‘Eh, para, que Carlos nos ve’, le susurré, pero mi coño ya picaba. Carlos nos pilló mirándonos, sonrió con esa cara de pillo. ‘¿Qué pasa aquí? ¿Calentita la noche?’, dijo riendo. El aire se cargó, yo crucé las piernas apretando los muslos, notando mi humedad en las bragas.

Pablo cerró la puerta con llave, ‘Mejor privacidad, ¿no?’. Nos pusimos a bromear, pero la cosa escaló rápido. Carlos se levantó, se desabrochó la camisa fingiendo calor. ‘Joder, hace bochorno’. Yo reí nerviosa, el corazón a mil por si alguien entraba. Pablo me besó el cuello, su aliento caliente. ‘Quítate la blusa, nena’, murmuró. Dudé un segundo, miré a Carlos… y la lancé al suelo. Mis tetas saltaron en el sujetador, pezones duros como piedras. Carlos silbó, ‘Hostia, Laura, estás para follarte ya’. Bajé la cremallera de mi falda, quedé en tanga. Pablo me bajó las bragas despacio, oliendo mi coño mojado. ‘Mira qué rica’, dijo a Carlos. Yo temblaba de adrenalina, ‘Chicos, si nos pillan…’. Pero eso me ponía más.

La tensión sube entre los expedientes

Pablo me sentó en la mesa, abrió mis piernas. Carlos se sacó la polla, gorda y venosa, ya dura. ‘Ven, pruébala’, dijo Pablo. Yo la cogí, masturbándola, el prepucio suave. Lamí el glande salado, metiéndomela hasta la garganta. Pablo se bajó los pantalones, su verga tiesa rozándome el coño. ‘Fóllame ya’, gemí con la boca llena. Me penetró de golpe, chapoteando en mi jugo. Carlos me follaba la boca, cogiéndome el pelo. ‘Qué puta guarra, chupando polla en el curro’. Cambiamos, Carlos me tumbó bocabajo, metiéndomela por el coño hasta el fondo, palmadas en el culo. ‘¡Ah! Más fuerte’, jadeaba yo. Pablo se puso delante, me la clavó en la boca, follándome la cara. Sudor, olor a sexo, papeles volando.

El clímax brutal en el despacho

Quería más, ‘Quiero las dos, cabrones’. Pablo se tumbó en la mesa, yo me subí encima, empalándome en su polla dura. Carlos escupió en mi culo, metiendo un dedo, luego dos. ‘Relájate, zorra’. Empujó su verga gruesa en mi ojete, estirándome hasta doler-placer. ‘¡Joder, me partís el culo!’, grité. Ritmo salvaje, pollas rozándose dentro, mi clítoris frotando contra Pablo. Gemía como loca, tetas rebotando. ‘Me corro, me corro…’, exploté chorreando. Ellos aceleraron, Pablo eyaculó primero, llenándome el coño de leche caliente. Carlos sacó la polla del culo y me pintó la cara, chorros espesos en la boca, mejillas. Tragué lo que pude, jadeando.

Nos quedamos un rato tirados, sudorosos, riendo bajito. ‘Hostia, qué pasada’, dijo Carlos limpiándose. Pablo me besó, ‘Eres una puta increíble’. Nos vestimos rápido, caras rojas, olor a semen. Limpiamos la mesa con toallitas, recolocamos papeles. ‘Venga, a fingir que curramos’, dije yo, sentándome con las piernas temblando. Carlos abrió la puerta, aire fresco. Siguieron mirando expedientes como si nada, pero yo sentía su semen goteando en las bragas. Adrenalina total, volví a mi mesa pensando en repetir. Nadie sospechó, pero yo sé que fue real.

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