Mi polvo prohibido en la oficina: el riesgo de ser pillada

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho papeleo. Soy Marta, 32 años, abierta como el culo… eh, quiero decir, sin prejuicios. Me flipa el morbo del curro, el riesgo de que te pillen. Carlos es el nuevo, negro, musculoso, con esa sonrisa que te moja las bragas. Lleva semanas mirándome el culo cuando me agacho por los dossiers.

Hoy, reunión aburrida. Estamos clasificando facturas en la sala de archivos, solos. La puerta entreabierta, pero se oyen voces lejanas. Él se acerca, ‘Marta, pásame esa carpeta alta’. Me estiro, mi falda se sube un poco. Siento su mirada quemándome las piernas. ‘Joder, qué piernas’, murmura. Me giro, sonriendo, ‘¿Quieres tocar?’. Se ríe nervioso, pero su mano roza mi muslo. Corriente eléctrica. Corazón a mil. ‘Shh, que nos oyen’, digo, pero no me aparto. Sus dedos suben, rozan mi tanga. Ya estoy empapada. ‘Estás mojada, puta’, susurra. Le agarro la polla por encima del pantalón, dura como piedra. ‘Ven, aquí no nos ven’. Cerramos la puerta, pestillo. El espacio es chiquito, estanterías llenas de polvo y papeles. Olor a tinta y su colonia fuerte. Adrenalina pura, sudando ya.

La tensión entre carpetas y miradas calientes

No perdemos tiempo. Me empuja contra la pared, boca en mi cuello, mordiendo. ‘Quítate las bragas’, ordena. Las bajo, las dejo colgando en un tobillo. Desabrocha su cremallera, saca esa polla negra enorme, venosa, gorda. ‘Mírala, para tu coño blanco’. Me arrodillo, instinto. La cojo, lamo el capullo salado, pre-semen. ‘Joder, qué rica boca’. La chupo profunda, garganta hasta que lloro. Él gime, ‘Para, o me corro’. Me levanta, falda arriba, piernas abiertas. Me penetra de un empujón, ‘¡Ahhh! Qué prieta tu chochita’. Duele y mola. Me folla fuerte, pared temblando. Sus pelotas chocan mi culo, slap slap. ‘Más, rómpeme’, suplico. Cambiamos, me pone a cuatro patas sobre cajas. ‘Ahora tu culo, zorra’. Escupe en mi ojete, mete dedo. ‘Relájate’. Empuja su verga, centímetro a centímetro. ‘¡Coño, qué estrecho!’. Grito ahogado, placer quema. Me sodomiza brutal, mano en mi clítoris. ‘Me vengo, cabrón’. Chorros en mi culo, caliente. Él sigue, ‘Aún no’. Me gira, polla sucia en mi boca. Limpio mi mierda, tragando. Otro tío entra? No, voces fuera. Subidón.

Saco mi vibrador del bolso, ‘Úsalo’. Él lo mete en mi coño mientras me come el culo lleno de su leche. Doble follada, llena. Me corro temblando, squirteo en el suelo. Él se corre otra vez, en mi cara, pegajoso. ‘Trágatelo todo’. Limpio, besos sucios. Sudados, jadeando. Minutos después, nos vestimos rápido. ‘Vuelve a tu mesa como si nada’, dice riendo. Yo, con tanga rota en bolsillo, culo goteando, salgo primero. Compañeros preguntan, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, clasificando… eh, papeles’. Sonrío, piernas flojas. Él sale, guiño. Día normal, pero mi coño palpita recordándolo. Mañana, más riesgo.

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