Follada salvaje en la oficina: Mi aventura prohibida con el jefe

Trabajo de secretaria en esta empresa desde hace un par de años. Mi jefe, Carlos, el director de ventas, eh… es un tío de unos 45, casado, con esa mirada que te desnuda. Al principio, solo coqueteos. Pero hoy… uf, hoy explotó todo.

Estábamos solos en su despacho, revisando informes. La puerta entreabierta, gente fuera hablando por teléfono. Él se acerca mucho, su aliento caliente en mi cuello mientras señala un gráfico. ‘Mira aquí, Ana’, dice, y su mano roza mi muslo por ‘accidente’. Me pongo tiesa, pero no me aparto. Siento el calor subiendo, mi coño ya humedece la braguita. Nuestras miradas se cruzan, intensas, como si dijeran ‘quiero follarte ya’. Él cierra la puerta despacio, el clic del pestillo me da un subidón. ‘¿Seguro?’, pregunto bajito, mordiéndome el labio. ‘Cállate y ven aquí’, responde con voz ronca.

La tensión sube entre papeles y miradas

Sus manos me agarran la cintura, me pega a él. Siento su polla dura contra mi vientre, gruesa, palpitante. Nos besamos como animales, lenguas enredadas, saliva mezclada. Me sube la falda, rasga las medias con un dedo. ‘Joder, qué mojada estás, puta’, gruñe. Yo le bajo el pantalón, libero esa verga venosa, gorda, con el prepucio atrás oliendo a macho sudado. La agarro, masturbo fuerte, él gime. Se sienta en su silla, yo me arrodillo entre sus piernas. Le chupo la polla entera, hasta las huevos peludos. ‘¡Sí, chúpamela profunda!’, ordena, agarrándome el pelo. La saliva chorrea, trago su sabor salado, amargo. Me mete dos dedos en el coño, me folla con ellos mientras yo le mama. ‘Tu coño aprieta, zorra de oficina’, dice. Me corro rápido, un chorro moja su mano.

El polvo brutal y el regreso al curro

Me pone sobre el escritorio, papeles volando. Abre mis piernas, lame mi clítoris hinchado, chupa mi coño peludo. ‘Hueles a puta cachonda’, murmura, metiendo la lengua dentro. Yo jadeo, ‘¡Fóllame ya, Carlos!’. Se levanta, escupe en su polla y me la clava de un empujón. Duele y mola a la vez, me llena entera. Me empotra salvaje, el escritorio cruje, bolígrafos caen. ‘¡Toma polla, cabrona!’, grita bajito. Yo araño su espalda, ‘Más fuerte, joder mi coño’. Siento cada vena rozando mis paredes, sus huevos golpeando mi culo. Cambiamos, me pone a cuatro patas, me azota las nalgas. ‘¿Te gusta que te folle como a una perra en el curro?’. ‘¡Sí, fóllame el culo si quieres!’, gimo. Lubrica con mi jugo y empuja en mi ano apretado. Arde, pero el placer explota. Me sodomiza profundo, lento al principio, luego a lo bestia. Me corro gritando en el cojín del sofá, mi culo palpita alrededor de su verga. Él saca y me llena la boca de leche espesa, caliente. Trago todo, chupando hasta la última gota.

Sudados, jadeantes, nos miramos. ‘Joder, ha sido brutal’, dice él limpiándose. Yo me bajo la falda, arreglo el pelo. ‘Vuelve al trabajo como si nada’, susurra con guiño. Recojo papeles, salgo con las piernas temblando, el culo dolorido, semen goteando por el muslo. Fuera, colegas tecleando, nadie nota nada. Sonrío, vuelvo a mi mesa, coño palpitando aún. Adrenalina total, quiero más.

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