Mi follada salvaje en la oficina con el jefe y su mujer bi

Estaba en el sofá con mi chico, acurrucada contra él. Mi teta rozando su brazo, eh… sentía su pezón endureciéndose. Hablábamos del curro. “Hoy cena con los neurólogos, no puedo ir al cine, lo siento…”

Él suspira. “Ah, sí, esos tíos… ¿Cuántos?”

La tensión sube entre los expedientes

“Siete u ocho, mi compi no viene.” Me pego más, mi mano baja a su paquete. Está duro. “¿Celoso o cachondo?”

Ríe nervioso. “Las dos… Cuéntame algo del trabajo, ya sabes, que me pones.”

Suspiro, sonrío. “Vale, pero es reciente, eh… Hace una semana en la oficina. Quedé tarde organizando expedientes para la cena. Carlos, mi jefe, el dominante ese, piloto de avión que representa un cliente pharma. Su mujer Laura, secretaria bi, super táctil, vino a buscarlo.”

Estábamos en el archivo, pilas de carpetas por todos lados. Olor a papel viejo y café rancio. Carlos me mira el culo mientras agacho para un cajón bajo. “Joana, qué piernas…” dice, voz grave. Yo río, pero siento el calor subiendo.

Laura entra, tacones clic-clac. Vestido ajustado, tetas en pera perfectas. “¿Todo bien, chicos?” Se acerca, pone manos en mis caderas. Su aliento huele a vino. Nuestros ojos se cruzan, eh… hay chispa. “Ven, ayúdame con esto”, me dice, rozando mi cuello con los labios al pasar.

La tensión crece. Miradas largas entre carpetas. Carlos se acerca por detrás, su paquete duro contra mi culo. “Estás mojada, ¿verdad?” susurra. Asiento, um… no puedo negar. Laura cierra la puerta del despacho privado del jefe. Luz tenue, espejo grande. Espacio nuestro ahora.

El sexo brutal y la vuelta al curro

Laura me gira, ojos verdes brillando. “Te deseo desde hace meses.” Sus labios en los míos, lengua suave, dulce. Dios, besa de vicio. Manos en mi top, saca mis tetas. “Qué pechos, puta…” Chupa un pezón, muerde suave. Gimo bajito.

Carlos nos mira, polla abultando los pantalones. “Abre la boca, zorra.” Obedezco, rodillas en el suelo. Bajo el zip, saco su verga. Joder, enorme, 20 cm, venosa, glande gordo. “Mámamela toda.” La lamo desde la base, bolas pesadas en mi mano. La meto, gorgoteo, saliva chorreando. Me agarra el pelo, folla mi garganta. “Buena puta de oficina.”

Laura se quita la tanga, coño depilado reluciente. Se sube a la encimera, abre piernas. “Lámeme mientras él te folla la boca.” Me arrastra la cara a su raja. Sabe a miel salada, clítoris hinchado. La chupo, lengua dentro, ella gime fuerte. Carlos empuja más hondo, lágrimas en mis ojos.

Me levanta, me pone contra el espejo. Baja mis bragas, dedo en mi coño chorreante. “Estás empapada, puta.” Me clava la polla de un golpe. ¡Ahhh! Llena, duele rico. Me folla brutal, cachetazos en el culo. “Toma, zorra laboral.” Laura lame mis tetas, muerde pezones. Cambio: ella se arrodilla, lame donde une mi coño y su polla. “Sabe a puta en celo.”

Me corro gritando, piernas temblando. Él acelera, “Me voy a correr dentro.” No, pero sí, chorro caliente inunda mi coño. Sale, semen goteando. Laura lame todo, limpia su verga.

Sudados, jadeantes. Mirada rápida al espejo. “Venga, a currar”, dice Carlos, serio. Nos arreglamos rápido: falda, blusa, pelo. Salimos, clientes esperando abajo. Sonrisas falsas, expedientes en mano. Como si nada. Pero mi coño palpita aún, braguita húmeda. Adrenalina pura, eh… casi nos pillan el ascensor zumbando.

Mi chico en el sofá: polla a reventar. “Joder, Joana…” Yo río. “¿Ves? El curro mola.”

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