Mi follada prohibida con el jefe en la oficina: puro vicio laboral

Ay, chicas, aún tengo el coño palpitando de lo que pasó ayer en la oficina. Trabajo de secretaria en una filial sueca aquí en Madrid, y mi jefe, ese cabrón alto y moreno llamado Javier, me tiene loca. Llevamos semanas con miraditas, roces al pasar papeles… pero ayer explotó todo.

Estábamos solos en su despacho, revisando expedientes para un viaje a Estocolmo. Él se acerca mucho, su aliento caliente en mi cuello. ‘Rachel, mira este informe…’, dice, pero sus ojos van directos a mis tetas bajo la blusa. Yo, con mi falda ajustada y medias negras, siento su mano rozar mi muslo. ‘Jefe… eh… mejor no’, balbuceo, pero mi cuerpo dice sí. El corazón me late fuerte, la puerta está entreabierta, colegas fuera. Adrenalina pura, ¿y si entran?

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

Cierro los ojos un segundo, su dedo sube por mi falda, toca el borde de las bragas. ‘Estás húmeda ya, puta’, susurra. Me pongo colorada, pero abro las piernas un poco. Él cierra la puerta con llave, clic. Ahora es privado, nuestro. Me empuja contra el escritorio, besos salvajes, lengua dentro, mordiendo mi labio. Sus manos aprietan mis tetas, pellizcan pezones duros como piedras. ‘Quítate la blusa, quiero verte’, gruñe. Obedezco, temblando de vicio.

Me baja la falda, ve mi tanga empapada. ‘Mira qué coño chorreante’, dice riendo. Yo gimo, ‘Javier, por favor… fóllame ya’. Se desabrocha los pantalones, saca esa polla gorda, venosa, tiesa como una barra. La agarro, masturbo fuerte, siente mis uñas. Se la meto en la boca, chupo el glande salado, trago hasta la garganta. Él jadea, ‘Joder, qué buena mamada, Rachel’. Babas por todas partes, mi saliva chorrea por sus huevos peludos.

El polvo brutal en el despacho y el regreso al curro

Me pone a cuatro sobre la mesa, papeles volando. Me arranca las bragas, mete dos dedos en mi coño empapado, revuelve. ‘Estás lista para mi verga’, dice. Siento su punta rozar mi clítoris hinchado, luego empuja. ¡Aaaah! Entra de golpe, me llena entera, polla gruesa partiéndome. Empieza a bombear, brutal, cachetazos en mi culo. ‘¡Fóllame más fuerte, jefe! ¡Relléname!’, grito bajito, mordiendo mi mano para no chillar. Sudor goteando, olor a sexo mezclado con café de la máquina. Sus pelotas chocan contra mi clítoris, cada estocada me acerca al borde.

Me gira, piernas sobre sus hombros, me clava hasta el fondo. ‘Tu coño es mío, puta de oficina’, gruñe. Yo araño su espalda, ‘Sí, soy tu zorra, dame tu leche’. Siento su polla hincharse, mis paredes aprietan. ¡Exploto! Orgasmo brutal, tiemblo, chorros de jugo por mis muslos. Él ruge, ‘¡Me corro! ¡Toma mi semen!’, y eyacula dentro, chorros calientes inundando mi útero. Nos quedamos jadeando, su polla aún pulsando en mí.

Minutos después, nos separamos. Limpiamos rápido: yo me pongo las bragas llenas de corrida, él se sube los pantalones. ‘Vístete, en cinco minutos reunión’, dice serio, como si nada. Salimos, yo cojeando un poco, sonrisa tonta. En la sala, todos normales, pero yo siento su mirada… y sé que repetiremos. Adrenalina total, chicas. ¿Quién dijo que el trabajo es aburrido?

Leave a Comment