Mi polvo salvaje en la oficina: la follada prohibida que casi nos pilla

Uf, acabo de salir del curro y aún me tiemblan las piernas. Soy María, trabajo en una oficina de seguros en Madrid, rodeada de mesas, papeles y ese rollo corporativo que me pone… porque odio las reglas. Hoy con Javier, mi compañero del departamento contable, la cosa explotó. Llevamos semanas con esa electricidad, miraditas por encima de los ordenadores, roces ‘accidentales’ al pasar carpetas.

Era jueves, tarde muerta. La jefa se fue temprano, el resto picando código o fumando fuera. Yo en mi mesa, cruzada de piernas, falda lápiz ajustada que me marca el culo, blusa blanca semi-transparente. Javier pasa con unos informes, se inclina… su aliento en mi cuello. ‘María, ¿me ayudas con esto?’, dice bajito, ojos clavados en mis tetas. Siento su mirada quemándome, el calor subiendo por mi coño. ‘Claro, ven’, le susurro, mordiéndome el labio.

La tensión subiendo entre miradas y archivos

Nos metemos en la salita de reuniones, la de atrás, con persianas bajadas. Cierro la puerta, clac del pestillo. Ya estamos solos. El aire huele a café rancio y su colonia, esa que me empapa las bragas. Nos sentamos cerca, muslos tocándose. ‘Joder, Javier, no aguanto más tus ojos’, le digo, mano en su rodilla. Él sonríe, pícaro. ‘Tú tampoco ayudas con esa falda…’. Sus dedos suben por mi muslo, despacio, rozando la piel. Yo abro las piernas un poco, jadeo suave. El corazón me late fuerte, ¿y si entra alguien? Esa adrenalina me moja más.

Sus labios en mi cuello, mordisqueo. ‘Shh, calladita’, murmura. Le agarro la polla por encima del pantalón, dura como piedra. ‘Mira cómo estás…’, le digo riendo bajito. Nos besamos, lenguas enredadas, saliva mezclada. Manos everywhere: yo desabrochándole la camisa, él metiendo mano bajo mi falda, dedo en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’, gruñe. ‘Por ti, cabrón’. Le bajo la cremallera, saco esa verga gruesa, venosa, goteando pre-semen. La aprieto, masturbo lento, él gime contra mi boca.

Lo empujo contra la mesa, me arrodillo. Olfateo su pubis, olor a hombre sudado. Abro la boca, lengua en el glande, chupando el líquido salado. ‘Joder, María…’. Lo trago entero, garganta profunda, babas cayendo. Él me agarra el pelo, folla mi boca. ‘Así, zorra, trágatela’. Me levanto, falda subida, tanga a un lado. ‘Lámeme el coño’, ordeno. Se tira, nariz en mi raja, lengua lamiendo clítoris, chupando mis labios hinchados. Gimo, ‘Sí, come mi chochito mojado…’. Dedos dentro, dos, tres, chapoteo obsceno.

El acto brutal y el clímax sin filtros

No aguanto. ‘Fóllame ya’. Me sube a la mesa, papeles volando. Piernas abiertas, su polla en mi entrada. Empuja, de un golpe, llenándome. ‘¡Ahhh! Qué gruesa…’. Me taladra, brutal, mesa crujiendo. Tetetazos contra su pecho, yo clavándole uñas. ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Sudor goteando, olor a sexo puro. Cambio: yo encima, cabalgando, polla hundiéndose hasta el fondo. ‘Mira cómo te chupo las pelotas’, le digo, inclinándome. Él me aprieta el culo, dedo en mi ano. ‘Quieres por detrás, ¿eh?’.

‘Sí, métemela por el culo’. Saliva en el agujero, polla resbalando. Entra lento, quema delicioso. ‘Joder, qué prieto…’. Me folla anal, salvaje, mano en mi clítoris frotando. Grito ahogado, orgasmo me sacude, coño contrayéndose vacío. Él acelera, ‘Me corro…’. Jet tras jet en mis entrañas, caliente, rebosando. Nos quedamos jadeando, pegados, semen chorreando por mis muslos.

Minutos después, reality check. ‘Rápido, vístete’, digo riendo nerviosa. Limpiamos con kleenex, papeles revueltos en su sitio. Salimos, caras serias. ‘Gracias por la ayuda con los informes’, dice él alto, guiño. Yo asiento, coño palpitando aún. El resto del día, miradas cómplices, como si nada. Pero sé que mañana… uf, la adrelina me tiene enganchada. ¿Quién necesita weekend cuando el curro es esto?

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