Uf, acabo de salir del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina de seguros, ya sabes, papeles por todos lados, estrés hasta el cuello. Hoy era uno de esos días de invierno muertos, casi nadie en la planta. Mi compañero Raúl, el de contabilidad, el cincuentón con pelo corto plateado y cuerpo de gimnasio, me pilla tensa revisando expedientes. ‘Pareces un palo, déjame ayudarte’, me dice con esa voz ronca. Le sigo la corriente, eh, porque siempre ha habido química, miradas que queman.
Entramos en la sala de reuniones pequeña, la que usamos para ‘privados’. Cierro la puerta con pestillo, clic, y ya se siente el aire cargado. Me siento en la mesa, él detrás, manos en mis hombros. ‘Relájate, nena’, murmura, y empieza a masajear. Sus dedos fuertes aprietan nudos, bajo la blusa, rozan mi piel. Yo suspiro, ‘Mmm, qué bien…’, y él se acerca más, aliento caliente en mi cuello. Nuestras miradas se cruzan en el reflejo de la ventana, hambrienta la suya. Sus manos bajan, rozan mis tetas por encima del sujetador. ‘Joder, estás dura’, dice, y yo no lo paro. Al contrario, arqueo la espalda. El corazón me late fuerte, ¿y si alguien entra? Esa adrenalina me pone cachonda perdida.
La tensión que sube entre papeles y miradas
Ya no hay vuelta atrás. Me gira, me besa el cuello, mordisquea. ‘Quítate la blusa’, ordena, y obedezco, tetas al aire, pezones tiesos como piedras. Él gime, ‘Qué buenas estás, puta’. Se lanza, chupa un pezón, fuerte, tira con dientes. Yo gimo bajito, ‘¡Ay, cabrón!’. Sus manos van al pantalón, desabrocha, mete dedos en mi tanga. Estoy empapada, coño chorreando. ‘Mira cómo mojas por mí’, ríe, y mete dos dedos directo, revuelve mi clítoris hinchado. Yo abro piernas sobre la mesa, papeles volando. Él se baja los pantalones, saca la polla, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpamela’, gruñe. Me arrodillo, la engullo, lengua en el glande, bolas en la mano. Sabe a hombre, salado, duro como hierro.
El follón brutal sin frenos ni filtros
Me pone de pie, me sube a la mesa, arranca el tanga. ‘Abre ese coño’, dice, y embiste. Su polla entra de golpe, me parte en dos. ‘¡Joder, qué prieta!’, jadea. Folla duro, brutal, mesa cruje, yo clavo uñas en su espalda. ‘Más fuerte, rómpeme!’, grito ahogada. Cambia, me da la vuelta, culo al aire, mete polla en mi ano apretado, lubricado con mis jugos. Duele rico, estira mi ojete. Dedos en coño meanwhile, revuelve, me hace squirtar un chorro en el suelo. Él acelera, ‘Me corro, zorra’, y saca, chorros calientes en mi espalda, culo, gotea. Yo reviento, orgasmo brutal, coño palpitando, piernas flojas.
Uf, jadeamos, sudor pegajoso. Se limpia con kleenex, yo me visto rápido, blusa arrugada, tanga rota en bolsillo. ‘Vuelve al curro como si nada’, dice guiñando. Salimos, él a su mesa, yo a la mía. Colegas ni se enteran, pero yo siento su semen secándose en la piel, coño dolorido. Sonrío, archivo papeles, adrenalina aún bombeando. Mañana… ¿repetimos?