Estaba en mi escritorio, rodeada de papeles y cafés fríos. El móvil vibra. Es Javier, mi compañero de la agencia.
—Carmen, joder, mi coche no arranca. Tengo visita con los Martín en esa casa nueva. ¿Puedes ir tú? Es clave, están a punto de firmar.
La tensión sube entre expedientes y miradas furtivas
—Vale, no pasa nada. Mándame la ubicación y las llaves del cofre.
—Te debo una, tía.
—Te cobraré el almuerzo, eh…
Llego puntual, pero ellos no. La casa está impecable, moderna, jardín perfecto. Entro con la llave, oscuridad total. Abro la puerta… y ¡zas!, se cierra sola con un portazo que me hiela la sangre. ¿Qué coño? Corazón a mil. Avanzo a tientas, brazos extendidos. Mis dedos rozan… una cara. Barba áspera, aliento caliente.
—¿Quién eres? —susurro, voz temblorosa.
Silencio. Luego, una mano agarra mi brazo, tira de mí. Cuerpo pegado al suyo. Olor a colonia fuerte, piel caliente.
—Soy tu cita… la que esperabas.
Mi cuerpo se paraliza. Esa voz… la reconozco del chat. Pablo, el tío con el que llevo meses mandándonos fotos calientes, fantasías sucias. Nunca nos vimos, pero joder, su voz me ponía cachonda cada noche.
—¿Pablo? ¿Cómo supiste…?
—Javier me echó un cable. Cuidado con los colegas chivatos.
Nos reímos bajito. La tensión explota. Mis manos suben a su pecho, siento músculos duros bajo la camisa. Él desliza mi chaqueta, roza mi cuello. Piel erizada. Beso en la oscuridad, labios suaves, lengua juguetona. Huele a deseo puro.
Desabrocho su camisa, dedos ansiosos. Calor de su torso. Él baja mi cremallera, jupe cae. Manos en mis tetas, pezones duros como piedras. Suspiro… uf, qué bien.
Me guía a la sala contigua. Hay un escritorio grande. Me sube encima, piernas abiertas. Sus labios bajan por mis muslos, mordisquea. Respiro su aliento en mi coño a través de las bragas. Húmeda ya, joder.
El polvo brutal: polla en mi culo y gemidos sin control
—Hueles a puta en celo —murmura.
Tira las bragas, lengua en mi clítoris. Lamida lenta, luego rápida. Chupa mi coño como un loco, dedos dentro, curvados. Gimo fuerte, cabeza atrás. Piernas tiemblan. Orgasmos se acerca, pero lo para.
—Ahora te follo como mereces.
Saco su polla. Gruesa, venosa, palpitante. La acaricio, saliva. Él me da la vuelta, culo al aire. Escupe en mi ano, dedo entra suave. Duele un poco… pero rico. Dos dedos, estiro. Grito bajito.
—¿Quieres mi polla en tu culo, zorra?
—Sí… métemela ya.
Empuja despacio. Cabeza entra, quema. Milímetro a milímetro, me llena. Polla enorme en mi culo virgen. Sensación brutal, llena, prohibida. Empieza a bombear, lento al principio. Manos en mis caderas, pellizca. Yo me muevo, follo hacia atrás.
—Joder, qué apretado tu culito. Te voy a romper.
Acelera. Pla pla pla contra mi carne. Sudor gotea, olores a sexo crudo. Mi coño chorrea solo. Me froto el clítoris, exploto en orgasmo. Él gruñe, polla hinchada, me inunda el culo de leche caliente. Tiembla dentro.
Caemos jadeantes. Beso rápido.
—Eres una diosa.
—Tú un cabrón mágico…
Sonamos el móvil. Los clientes. Nos vestimos a toda prisa, risas nerviosas. Salgo, abro persianas, luz entra. Luzco profesional, sonrisa fresca. Ellos llegan, ni sospechan. Cierro la venta. Vuelvo a la oficina como si nada. Pero mi culo palpita aún con su semen. Adrenalina total. Mañana… ¿repetimos?