Eh… no sé ni por dónde empezar. Trabajo en esta oficina desde hace años, con él. Mi compañero, mi confidente. Siempre hemos sido cercanos, hablando de todo. Problemas del curro, rollos del corazón… pero ayer, joder, todo cambió. Estábamos revisando unos expedientes en la sala de archivos, solos. La puerta cerrada, pero no con llave. El aire cargado, sabes?
Yo llevaba una falda ajustada, blusa blanca medio desabotonada por el calor. Él, con su camisa arremangada, sudando un poco. Nuestras manos se rozaban al pasar papeles. ‘Cuidado, no vayas a tirarlo todo’, le dije riendo, pero mi voz salió ronca. Él me miró… uf, esa mirada. Profunda, como si me desnudara ya. ‘¿Qué pasa, Ana? Estás… nerviosa?’, murmuró, acercándose más. Sentí su aliento en mi cuello. El corazón me latía fuerte. Adrenalina pura, pensando que en cualquier momento alguien podía abrir.
La tensión subiendo entre papeles y miradas
Hablamos de fantasías una vez, borrachos en la copa de equipo. Le conté la mía: que me follen duro en el curro, sin aviso, como un violación consentida. Él se rio, pero vi su polla endurecerse bajo los pantalones. ‘Yo te organizo eso’, dijo. Pensé que era coña. Pero ayer… la tensión subió. Sus dedos rozaron mi muslo al agacharnos por un dossier. ‘Ana… ¿sigues queriendo eso?’, susurró. Tragué saliva. ‘Sí… pero aquí?’. Él sonrió malicioso. ‘Shh, confía en mí’. Me empujó contra la pared, entre estanterías polvorientas. El espacio se volvió nuestro, privado, pero tan jodidamente riesgoso.
Sus labios en mi boca, beso salvaje, lengua invadiendo. Manos por todas partes. Me arrancó la blusa, botones volando. ‘Joder, tus tetas… perfectas’, gruñó, chupando un pezón duro como piedra. Gemí bajito, mordiéndome el labio. Miedo a que nos oyeran, pero eso me ponía más cachonda. Bajó mi falda, braga empapada. ‘Mira cómo estás de puta mojada’, dijo, metiendo dos dedos en mi coño chorreante. Entraban fáciles, follándome con ellos. ‘Ahh… sí, así…’, jadeé, arqueando la espalda. Olía a papel viejo y a sexo. Su polla, enorme, la saqué del pantalón. Gruesa, venosa, goteando precum. ‘Chúpala’, ordenó. Me arrodillé, entre cajas, tragándomela hasta la garganta. Tosí, saliva cayendo. Él me follaba la boca, agarrándome el pelo.
El polvo intenso y sin filtros
Me levantó, piernas abiertas contra la mesa. ‘Te voy a follar como tu fantasía, puta’. Sin condón? No, crudo. Me penetró de golpe, su verga abriéndome el coño hasta el fondo. ‘¡Joder, qué apretada!’, rugió. Embestidas brutales, mesa crujiendo. Mis tetas rebotando, pezones rozando papeles. ‘Más fuerte… rómpeme’, supliqué. Me dio la vuelta, polla en mi culo ahora. Lubricado con mis jugos, entró despacio al principio, luego salvaje. ‘Tu ojete es mío’, gruñó, azotándome el culo rojo. Gemidos ahogados, sudor goteando. Me corrí dos veces, coño contrayéndose, squirtando en el suelo. Él siguió, follándome como animal. ‘Me voy a correr dentro’, avisó. ‘Sí, lléname de leche’, rogué. Explosión caliente, semen chorreando por mis muslos.
Jadeando, nos separamos. Él se subió los pantalones rápido. ‘Vístete, Ana. En cinco minutos, reunión’. Yo, temblando, limpiándome con kleenex, oliendo a polvos y sudor. Falda arrugada, blusa mal abotonada. Salimos por separado. Él primero, yo después. En la sala de juntas, como si nada. ‘Pasemos al siguiente punto’, dijo serio, mirándome de reojo con guiño. Yo, coño dolorido, sonrisa falsa. Adrenalina aún, pensando en la próxima. Joder, qué vicio.