Mi follada prohibida en la oficina: dominé a mi compañero sumiso

Trabajo en una oficina llena de papeleo eterno. Soy María, 28 años, tetas firmes, culo redondo y piernas que matan. Me encanta el riesgo, follar donde no debo, esa adrenalina de que nos pillen. Ahí conocí a Pablo, el nuevo. Alto, moreno, ojos azules, pero tímido, de esos que se sonrojan fácil. Lo pillé mirándome las tetas mientras revisábamos expedientes. ‘Ey, ¿todo bien?’, le dije con sonrisa pícara. Él balbuceó, ‘S-sí, perdona’. Me reí bajito.

Pasaban los días. Nuestros escritorios cerca. Le rozaba la pierna ‘sin querer’ al pasar. Él se ponía rojo, ajustaba los pantalones. Una tarde, con el café en mano, tropiezo y… ¡zas! Le echo el líquido caliente encima de la camisa, directo al paquete. ‘¡Joder, María!’. Se levantó, goteando. Lo miro fijo, lamiéndome los labios. ‘Venga, quítatela, te ayudo’. En el baño vacío, solo nosotros. Le arranco la camisa. Piel suave, pezones duros. ‘¿Nervioso?’, susurro, rozando su polla con la mano. Dura ya. ‘No… sí…’. Le mando mensaje por el chat interno: ‘Sin calzoncillos mañana, vicioso. Quiero verte marcado’. Él responde: ‘Vale, pero…’. Silencio. Sé que obedecerá.

La tensión entre archivos y miradas ardientes

Al día siguiente, lo pillo duro bajo la mesa. Le guiño. ‘Reunión extra, ahora, archivo’. Vamos al cuarto de atrás, puerta entreabierta. Luz tenue, olor a papel viejo. Cierro, pero no del todo. Adrenalina pura. ‘Quítate todo, esclavo’. Dudó, eh… ‘Rápido o grito’. Se desnuda. Polla tiesa, goteando precum. Preciosa, gruesa. Me siento en la mesa, falda subida. Piernas abiertas. ‘Arrodíllate’. Obedece, rodillas en el suelo frío. Le pongo el pie en la cara. ‘Lámelo, chúpame los dedos’. Abre la boca, titubea. ‘¡Venga, como un perrito!’. Empieza. Lengua húmeda en mis orteils, succionando uno a uno. Gimo bajito, ‘Mmm, bien, lame entre ellos, huele mi sudor del día’. Su polla palpita sola.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

Le meto dos dedos en la boca. ‘Humedece bien’. Luego, ‘Date la vuelta, culito en pompa’. Tiembla. Le escupo en el ano. Dedo uno, despacio. ‘¡Ahhh!’. Empujo, entra fácil. ‘¿Primera vez? Relájate, puta’. Mueve el culo, gime. Con la otra mano, agarro su polla, meneo fuerte. ‘Branquéate mientras te dedo el culo’. Obedece, jadeando. ‘Más rápido, joder’. Le meto segundo dedo, follando su ano apretado. Olor a sexo crudo, sudor. ‘¿Te gusta, eh? Decirlo’. ‘S-sí, María… fóllame el culo’. Cambio: pie descalzo, dedo gordo en su ojete. Empujo, lubricado con su saliva. ‘¡Toma, mi pie en tu coño de hombre!’. Grita ahogado, polla chorrea.

Sigo sodomizándolo con el pie, meneando su verga. ‘¡Córrete, esclavo!’. Explota, leche espesa en el suelo, salpicando papeles. Yo me corro frotándome el coño, bragas empapadas. ‘Buen chico’. Respiro hondo. Sacamos clínex, limpiamos rápido. Él tiembla, vistiéndose. ‘Ni una palabra, ¿eh?’. Asiente, ojos vidriosos. Salimos por separado. Vuelvo al escritorio, sonrío profesional. ‘Pablo, ¿los informes?’. Él, rojo: ‘Sí, ahora’. Como si nada. Pero sé que mañana… repetimos. Esa adrenalina me moja entera.

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