Mi follada prohibida en la oficina: chupando pollas entre expedientes

Era viernes por la tarde, el oficina casi vacío. Yo, clasificando expedientes con Javier, mi compañero de al lado. Él tan guapo, con esa sonrisa pícara. Nuestros brazos se rozaban cada rato. ‘Cuidado, María…’, murmuró, pero su mano se quedó en mi cintura. Sentí un cosquilleo. Miradas cruzadas, calientes. El aire se cargaba. ‘¿Qué miras tanto?’, le dije bajito, mordiéndome el labio. Él se acercó, su aliento en mi cuello. ‘Tú sabes lo que quiero’. Dios, mi coño ya palpitaba. Entre pilas de papeles, su dedo rozó mi falda, subiendo despacio. ‘Aquí no…’, susurré, pero abrí un poco las piernas. El riesgo me ponía a mil. Nadie por los pasillos, pero el jefe podía aparecer. Adrenalina pura.

De repente, Javier cerró la puerta de la sala de reuniones. ‘Ven, aquí estamos solos’. Encajó el pestillo. Espacio privado, al fin. Me empujó contra la mesa, besándome con hambre. ‘Quítate la blusa’, ordenó. Obedecí, mis tetas saltaron, pezones duros. Él sacó su polla, gruesa, venosa. ‘Chúpamela, puta de oficina’. Me arrodillé, el suelo frío en mis rodillas. Lamí el glande, salado, hinchado. ‘Mmm, qué rica polla’, gemí. La tragué entera, garganta profunda, babeando. Él gemía, agarrándome el pelo. ‘Joder, qué bien chupas’. Entonces, su móvil vibra. ‘Espera… son los chicos’. Mensaje rápido. Dos minutos después, tocan. Entran Pedro y Luis, pollas ya fuera. ‘¿Podemos unirnos?’, ríen. Yo, excitada, asiento. ‘Sí, venid, cabrones’.

La tensión sube entre los escritorios

Me puse en el centro, arrodillada. Tres pollas delante, tiesas, goteando pre-semen. Empecé por Javier, mamándola fuerte, bolas en la mano, apretando. ‘¡Joder, María, eres una guarra!’. Alterné: Pedro, más larga, me la metí hasta la úvula, tosiendo saliva. ‘Trágatela toda, zorra’. Luis, gruesa como mi muñeca, la lamió los huevos primero, chupando sudor. ‘¡Qué huevos tan llenos!’. Branqué las otras dos, piel suave, venas pulsando. Olor a macho, mezcla de colonia y sexo. Me turnaban la boca: una follada la garganta, las otras restregadas en mis tetas, dejando rastros húmedos. ‘¡Abre bien, puta!’. Javier primero: ‘¡Me corro!’. Chorros calientes, espesos, tragué todo, salado-amargo. ‘Buena chica, avala’. Pedro siguiente, le leche en la lengua, tragué relamiéndome. Luis explotó, inundándome la boca, goteando por la barbilla. No pararon. Segunda ronda: Javier de nuevo, follándome la cara como un coño. ‘¡Toma polla, perra laboral!’. Pedro eyaculó en mis tetas, caliente pegajoso. Luis en la garganta, ahogándome en semen. Sudor, gemidos, el ruido de succiones húmedas. Mi coño chorreaba, pero solo pollas en la boca. Me corrí frotándome el clítoris, temblando.

Al final, exhaustos. Limpié con kleenex, semen por todas partes. ‘Volved al puesto, como si nada’, dijo Javier, guiñando. Me puse la ropa, labios hinchados, sabor a lefa. Salimos por separado. Yo a mi mesa, fingiendo archivar. Corazón a mil, sonrisa oculta. Mañana, más miradas. ¿Quién sabe qué pasará la próxima?

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