Follada prohibida en la oficina: mi sumisión al jefe con el culo al aire

Trabajo en una oficina llena de papeleo y prisas. Él es mi jefe, un tipo serio, pero desde hace semanas nos mandamos mensajes calientes por el chat interno. ‘Vas a ser mía, te voy a follar hasta que pidas más’, me escribió una noche. Me mojé leyéndolo, me toqué pensando en él. Al día siguiente, en la sala de reuniones, sus ojos me comían mientras revisábamos dossiers. ‘Qué guapa hoy’, murmuró, rozando mi mano. Sentí un cosquilleo en el coño. Todo el día así: miradas furtivas, sonrisas pícaras. Cuando el resto se fue, me mandó: ‘Ven a mi despacho ahora. Puerta cerrada’. El corazón me latía fuerte, subí las escaleras con las piernas temblando. Empujé la puerta, entreabierta, luces bajas. ‘Quítate la chaqueta’, ordenó desde la penumbra. Me puse nerviosa, pero obedecí. Llevaba falda corta, medias negras, tops fácil de abrir, sin bragas como me pidió. ‘A cuatro patas en el escritorio, culo hacia mí. Ponte el pañuelo en los ojos’. Dudé un segundo… pero el morbo me ganó. Me subí al escritorio, cambré la espalda, el coño ya chorreando. Esperé, oyendo sus pasos, el clic de la cerradura. Sudaba, el aire acondicionado me erizaba la piel.

Se acercó por detrás, su aliento caliente en mi cuello. ‘Buena chica’, susurró, manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. Gemí bajito. ‘Silencio, puta’. Una nalgada en el culo, fuerte, me hizo jadear. Sentí sus dedos en mi coño, resbaladizos. ‘Estás empapada, zorra’. Me metió dos dedos, follándome despacio, mientras con la otra mano me agarraba el pelo. ‘Dime sí, amo’. ‘S-sí, amo’, balbuceé. Me bajó la falda, exponiendo todo. Su polla dura rozó mi culo, gruesa, venosa. ‘Abre la boca’. Me giró, metiéndomela hasta la garganta. Tosí, saliva chorreando, pero mamé como una perra, oliendo su sudor masculino. ‘Eso es, trágatela toda’. Me folló la boca, bolas golpeando mi barbilla. Luego, me puso de nuevo a cuatro, escupió en mi culo, masajeando el agujero. ‘Relájate’. Empujó un dedo, luego dos, lubricando. Gemí de dolor-placer. ‘Vas a darme este culito virgen’. Untó lubricante frío, y su polla cabezó en mi ano. Empujó lento, rompiéndome, grité ahogada. ‘Cállate y empuja hacia mí’. Lo hice, centímetro a centímetro, hasta que sus huevos tocaron mi coño. Me folló el culo salvaje, polla hinchada, yo me frotaba el clítoris, el escritorio crujiendo. ‘Me corro en tu culo, puta’. Eyaculó dentro, caliente, mientras yo explotaba en orgasmos, coño contrayéndose vacío. Me lamió el coño después, mordiendo labios, dedos en mi ano lleno de su leche.

La tensión subiendo entre los escritorios

Quedamos jadeando, su polla aún semi-dura contra mí. ‘Buen trabajo, ahora vístete’. Se apartó, oí el agua del baño. Me quité el pañuelo, el espejo mostraba mi cara sonrojada, maquillaje corrido, orgullo en los ojos. Me limpié rápido, skirt abajo, tetas guardadas. Él salió fresco, corbata lista. ‘Mañana más dossiers, ¿eh?’. Sonrió, como si nada. Bajamos juntos, luces de oficina apagadas. Salí temblando aún, coño y culo palpitando, pero volviendo a la normalidad. Nadie sospechó. Fue… increíble, ese rush de casi ser pillados.

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