Ay, Dios… me despierto esta mañana y solo de pensar en él, mi compañero del curro… mi coño ya está húmedo. Se me endurecen los pezones bajo la sábana, rozándolos despacito. Uff… no está aquí hoy, pero los recuerdos me invaden. Fue hace unas semanas, en el bufete donde trabajo en Madrid. Yo, abogada junior, él, mi jefe de equipo, un tío alto, moreno, con esa mirada que te desnuda.
Estábamos solos en la sala de archivos, revisando expedientes para un caso grande. El aire olía a papel viejo y café rancio. Yo inclinada sobre la mesa, rebuscando carpetas, y siento su mirada clavada en mi culo. Llevaba falda lápiz ajustada, esa que marca todo. ‘¿Me pasas el de López?’, me dice con voz ronca. Nuestras manos se rozan… electrico. Levanto la vista, sus ojos oscuros me comen. Sonrío, mordiéndome el labio. ‘Claro… pero ven tú’. Se acerca, su cuerpo roza el mío por detrás. Huelo su colonia, mezclada con sudor masculino. Mi corazón late fuerte, bum-bum. ¿Y si alguien entra? Esa adrenalina… me pone a cien.
La tensión subiendo entre expedientes y miradas
Empezamos con tonterías. ‘Estás muy sexy hoy, ¿sabes?’, murmura cerca de mi oreja, su aliento caliente en mi cuello. Me estremezco. ‘Shh… nos pueden oír’. Pero no me aparto. Al contrario, arqueo la espalda un poco. Su mano sube por mi muslo, despacio, bajo la falda. ‘Estás empapada ya’, dice riendo bajito. Dios, sí… mis bragas caladas. Le miro, desafiante. ‘¿Y qué vas a hacer?’. Cierra la puerta con llave, clic. El espacio se hace nuestro. Intimo. Prohibido. Sus labios en mi cuello, mordisqueando. Yo gimo suave, ‘Joder… para… o no pares’.
Ya no hay vuelta atrás. Me gira, me sube a la mesa de expedientes. Papeles vuelan. Me arranca las bragas de un tirón, las mete en su bolsillo. ‘Para recordarte’. Baja la cabeza entre mis piernas. Su lengua… ay, su lengua lamiendo mi coño abierto, chupando mi clítoris hinchado. ‘Mmm, qué rica estás, puta mojada’. Gimo fuerte, tapándome la boca. ‘¡Cállate, coño!’. Pero él lame más, mete dos dedos dentro, follándome con ellos. Mi jugo le chorrea por la barbilla. Me corro rápido, temblando, mordiendo mi puño. ‘¡Sí, joder, sí!’.
El polvo brutal e inolvidable
Se levanta, se baja los pantalones. Su polla salta, gorda, venosa, cabezona brillante de pre-semen. ‘Chúpamela’. Me arrodillo en el suelo sucio, la engullo. Sabe a hombre, salado. La chupo profunda, garganta hasta las arcadas. Él agarra mi pelo, folla mi boca. ‘Buena putita de oficina’. Me levanto, jadeante. ‘Fóllame ya’. Me dobla sobre la mesa, piernas abiertas. Siento la punta en mi entrada… y ¡zas!, me la clava entera. Duele rico, me llena. ‘¡Qué coño más apretado!’. Embestidas brutales, plaf-plaf contra mi culo. Sus huevos golpean mi clítoris. ‘Más fuerte… rómpeme’. Sudor gotea, papeles crujen bajo nosotros. Oigo voces fuera… ¡mierda, el riesgo! Me excita más. Él me agarra las tetas por debajo de la blusa, pellizca pezones. ‘Te voy a llenar de leche’. Acelera, gruñe. Yo me corro otra vez, coño contrayéndose alrededor de su verga. ‘¡Córrete dentro, cabrón!’. Él ruge, caliente, espeso, me inunda el útero. Sale chorreando por mis muslos.
Uf… nos quedamos jadeando, pegados. ‘Joder, ha sido brutal’. Se ríe, me besa. Nos limpiamos rápido con kleenex, arreglo mi falda arrugada, pelo revuelto. Él se sube el pantalón, polla aún semi-dura. ‘Vuelve al curro, como si nada’. Abro la puerta, caras normales. Salimos, él con expedientes, yo con sonrisa tonta. En mi mesa, siento su semen goteando aún… y sigo trabajando, profesional. Pero por dentro, ardo. Esa tarde, cada mirada suya me moja de nuevo. Ay… qué vicio este curro.