Mi polvo salvaje con el informático en la oficina

Ay, chicas, no os lo vais a creer. Trabajo en una agencia de software en Barcelona, soy comercial, siempre con prisas y papeleo. Llega este tío de la oficina de Bilbao, un programador guapo, moreno, con esa mirada que te desnuda. Se llama Javier. Me dan el marrón de un proyecto viejo en Cobol, un lío que nadie quiere tocar. ‘Sophía, ayúdame con los detalles’, me dice mi jefe, y me toca explicárselo a él.

Entramos en mi despacho para revisar los dossiers. Cierro la puerta, eh… por si acaso. Él se sienta cerca, demasiado. Huele a colonia fuerte, mezcla con café. ‘Mira esto, está todo jodido’, dice pasando páginas, su rodilla roza la mía. Yo siento un cosquilleo, joder. Levanto la vista y nos pillamos mirándonos. Sus ojos bajan a mi escote, mi blusa blanca un poco abierta. ‘¿Qué pasa?’, le pregunto, voz temblorosa. ‘Nada… eres más guapa en persona que en la foto del intranet’, murmura. Me ruborizo, pero no me aparto. Apoyo la mano en su muslo, ‘accidenté’. Él traga saliva, coge mi mano y la sube un poco. El aire se pone denso, como electricidad. ‘Sophía, esto es una locura, estamos en el curro…’, dice, pero su polla ya se nota dura bajo los pantalones.

La tensión sube con papeles y miradas calientes

No aguanto más. Me levanto, echo el pestillo. ‘Nadie entra, prioridá absoluta’, le digo imitando al jefe. Me subo a su regazo, sintiendo su verga tiesa contra mi coño a través de la falda. Nos besamos como animales, lenguas enredadas, saliva mezclada. Sus manos me aprietan las tetas, desabrocha el sujetador. ‘Joder, qué pechos tan ricos’, gruñe chupándome un pezón. Yo gimo bajito, miro la puerta, el corazón a mil por si alguien oye. Bajo la cremallera, saco su polla gorda, venosa, palpitante. ‘Mira qué pedazo de rabo’, le digo lamiéndome los labios. Él me arranca las bragas, mete dos dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’, dice follándome con los dedos, rápido, chapoteando.

El polvo brutal y sin frenos en privado

Le empujo contra la mesa, papeles por el suelo. Me pongo a cuatro patas, culo en pompa. ‘Fóllame ya, cabrón, pero calladito’. Él no espera, me clava la polla de un empujón seco. ¡Ay, Dios! Duele y mola a la vez, me llena entera. Empieza a bombear fuerte, piel contra piel, plaf plaf. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, jadea mordiéndome el cuello. Yo me muerdo el labio para no gritar, huelo a sexo, sudor, su rabo hundiéndose en mi lefa. Cambio, me tumbo en la mesa, piernas abiertas. Él me come el clítoris, lengua girando, chupando mi jugo. ‘Sabe a miel, joder’. Me corro primero, temblando, coño contrayéndose, chorro en su boca. Él no para, me monta encima, yo cabalgo su polla, tetas rebotando, uñas en su pecho. ‘Córrete dentro, lléname’, le suplico. Acelera, me agarra el culo, y explota, leche caliente inundándome, gimiendo ronco.

Nos quedamos jadeando, polla aún dentro, semen goteando. ‘Joder, qué pasada’, dice besándome suave. Me bajo, limpiamos rápido con kleenex, arreglo la falda. Recogemos papeles del suelo, riendo nerviosos. ‘Como si nada’, digo. Él asiente, ‘Vuelta al Cobol’. Abro la puerta, volvemos al curro, sonrisas normales. Pero cada mirada quema, y sé que repetiremos. La adrenalina… uf, adictiva.

Leave a Comment