Mi follada prohibida con Cati en la cafetería de la oficina

Llegué temprano al curro, con esta puta calor de 35 grados. Vi a Cati descargando cajas en la cafetería, gritando improperios al camionero. Joder, qué tía. Me quedé mirando sus piernas, esa forma felina de moverse. Intenté concentrarme en mi despacho, pero el aire era un horno. Me mandó un mensaje: ‘Cafetería cierra a las 17:30, jefa’. Sentí un escalofrío. ¿Por qué me había puesto este vestido largo de lino, sin nada debajo? El deseo me comía viva.

Terminé el informe, me retoqué el labial, me miré al espejo. Ojos brillantes, pechos pesados. Bajé a la cafetería, sudando como una cerda. ‘Voy a refrescarme’, les dije a los colegas. Ellos rieron: ‘Date prisa, Cati no espera’. Si supieran…

La tensión entre miradas y papeles

Ella estaba sola, con una túnica azul hasta medio muslo, pechos asomando, descalza. ‘¡Cinco minutos!’, gritó sin girarse. ‘Olvidé el bañador, ¿me prestas uno?’, le dije juguetona. Se volvió, me recorrió con la mirada. Nadie más. Cerró la puerta. Me acarició la mejilla, susurró: ‘¿La putita María viene a confesar?’. ‘Sí, madre, he pecado grave’. ‘Ven al confesionario, arriba’.

La seguí por las escaleras. No pude evitar mirar su culo. ‘Qué vestido de zorra, ¿puedo?’, desabotonó arriba, abrió los faldones. Mis tetas al aire, pezones duros. Lameteó entre ellas, subió al cuello, labios. ‘Huele a pecado, María’. Se quitó las bragas, me las puso en la nariz. ‘¿Sientes el coño mojado?’. ‘Sí, madre, me enloquece’.

Me arrodillé. Levantó la túnica, abrió piernas. ‘Come mi coño, méteme dedos, saca el mal’. Hundí la lengua en su raja empapada, salada, hinchada. Chupé el clítoris, gimiendo ella: ‘¡Joder, sí, lame más fuerte!’. Dos dedos dentro, curvados, tocando su punto G. Se corrió gritando, chorro en mi cara, empapando mi vestido. ‘Ahora tú, puta’. Me levantó, abrió mi vestido, vio mi coño calvo y chorreante. ‘Sin bragas, ¿eh?’. Me tiró al sofá, lengua en mi clítoris, dedos en mi chochito y culo. ‘¡Ahhh, Cati, me follas la boca!’. Bombeó fuerte, mordió mis labios vaginales. Orgué como loca, piernas temblando, squirteando en su boca.

El polvo brutal sin filtros

Me volteó, 69 salvaje. Le metí tres dedos en el coño mientras lamía su ano. ‘¡Fóllame el culo también!’. Lengua en su ojete, dedos alternando. Ella devoraba mi coño, chupando jugos. ‘¡Me vengo otra vez, coño!’. Rugió, apretando mi cabeza. Yo exploté, gritando su nombre.

Sudadas, pegajosas de fluidos. Se acurrucó en mi hombro, mano en mi teta. ‘Joder, María, nunca pensé follarte así’. ‘No es follar, es hacer el amor’. Se rio: ‘En el mundo real se folla, tonta’. Hablamos bajito, ella vulnerable. ‘Quédate un rato’. La abracé, caricias suaves.

Pero eran las 19:00. ‘Venga, hay que currar’. Nos limpiamos como pudimos, ella con trapos, yo mojaduras en el baño. Me puse el vestido, ella la túnica. ‘Nadie sospecha’. Bajamos riendo, volvimos a nuestros puestos. Yo a los dossiers, ella a cerrar. Adrenalina pura, coño palpitando aún. Mañana más.

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