Trabajo en una oficina cutre del centro, rodeada de escritorios y carpetas hasta el techo. Hoy, con Carlos, el del cubículo de al lado. Llevamos semanas con esa electricidad. Sus ojos se clavan en mis tetas cuando cree que no miro. Yo, con mi falda lápiz ajustada, cruzo las piernas y dejo que vea un poco de muslo. Eh… ayer, mientras revisábamos unos informes, su mano rozó la mía. Calor instantáneo. ‘Perdón’, dice él, pero su sonrisa dice otra cosa.
La jefa nos manda al archivo del fondo a buscar unos dossiers antiguos. ‘Id los dos, que es un lío’. Perfecto. El pasillo está vacío, las luces parpadean. Entramos, cerramos la puerta. Espacio privado al fin. El aire huele a papel viejo y polvo. Me apoyo en una estantería, él se acerca. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, murmura. Sus manos en mi cintura. Yo tiemblo un poco, el corazón a mil. ‘Sí… mucho’. Nuestros labios se pegan. Beso húmedo, lenguas enredadas. Siento su polla dura contra mi vientre. Adrenalina pura, ¿y si alguien entra?
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Le bajo la cremallera, saco esa verga gruesa, venosa. Late en mi mano. ‘Joder, qué dura’, susurro. Él me sube la falda, dedos en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. Me arranca las bragas, las tira al suelo. Me da la vuelta, contra la estantería. Polla en mi coño de un empujón. ‘¡Ahhh! Despacio…’, gimo, pero miento. Quiero que me reviente. Entra hasta el fondo, caliente, resbaladizo. Mis paredes lo aprietan. Empieza a bombear, lento al principio. Plaf, plaf. El sonido rebota en las paredes.
Me pone de rodillas. ‘Chúpamela’. Abro la boca, engullo esa polla babosa de mis jugos. Sabe a sexo. Lamio el glande, chupo las bolas. Él gime, me agarra el pelo. ‘Buena chica’. Luego, me come el coño. Lengua en mi clítoris, hinchado y sensible. Dedos en mi ano, rozando. ‘¿Te gusta por detrás?’, pregunta ronco. ‘Sí… fóllame el culo’. Me escupe en el ojete, mete la punta. Duele rico, estiro. Entra centímetro a centímetro. ‘¡Joder, qué prieto tu culito!’ Empuja fuerte. Yo me muerdo el labio, lágrimas de placer. Me folla como un animal, cachetazos en las nalgas. ‘¡Más! ¡Soy tu zorra de oficina!’ Grito bajito, no vaya alguien oír.
El sexo brutal en el cuarto de archivos
Cambiamos. Yo encima, cabalgando su polla en el culo. Rebotando, tetas al aire. Él me pellizca los pezones duros. Siento el orgasmo venir. ‘Me corro… ¡córrete dentro!’ Él acelera, gruñe. Chorros calientes llenan mi culo. Yo exploto, coño palpitando sin tocarlo. Nos quedamos jadeando, sudor pegajoso. Sperma gotea por mis muslos.
Minutos después, nos recomponemos. Me limpio con kleenex, me pongo las bragas rotas. Él se sube los pantalones. ‘Venga, volvamos con los dossiers’. Sonreímos cómplices. Salimos, caras serias. En el escritorio, como si nada. Pero mi coño palpita aún, recordando. Mañana… ¿repetimos?