Mi polvo anal prohibido con el jefe en el hotel durante la pausa

Estaba en la oficina, terminando el día, rodeada de papeles y el zumbido de los ordenadores. De repente, piiiing, el móvil vibra. Mensaje de Diego, el nuevo director comercial que me volvió loca desde el seminario hace tres meses. ‘Si me lames el coño y el culo como aquella noche, haré TODO lo que quieras… TODO’. Joder, me quedo tiesa. Siento un calor que me sube por el cuello, la boca seca, las bragas ya húmedas. Miro alrededor, el bureau casi vacío, pero el miedo a que alguien pase… uf, qué subidón.

Revivo esa noche en el seminario: yo encima suya, cabalgándolo hasta correrme gritando, él lamiéndome el clítoris hasta que exploté, tragándome su leche mirándole a los ojos. Pensábamos que era un polvo de una noche, pero no. Mi coño palpita solo de recordarlo. No aguanto y respondo: ‘¿Todo? ¿Incluso tu culito apretado?’. ‘Sí, todo, y lo quiero yo también’. Mi cabeza da vueltas. En el pasado me había metido un dedo en el culo mientras me follaba por detrás, y me encantó. Sé que su polla es gorda, pero… joder, el riesgo me pone.

La tensión sube con mensajes calientes y miradas robadas

‘Quiero darte mi culo entero, como en el hotel’. Le mando una foto de mis nalgas en tanga, esa que sé que le vuelve loco. Al día siguiente organiza una ‘visita estratégica’ a mi zona. Semana después, pausa del almuerzo. Él se encierra en su hotel por una ‘llamada con accionistas’. Yo digo a mis compis que como fuera y quizás llego tarde. Tres golpes en la puerta. Entro, nos miramos y nos reímos nerviosos. ‘¿Quieres algo de beber?’, pregunta. ‘No, vine por tu polla’, digo riendo, el corazón a mil.

La habitación huele a limpio, pero ya se carga de nuestro olor. Me acerco, él me agarra por la cintura, me pega a su cuerpo duro. Sus manos bajan a mis nalgas, las aprieta fuerte. ‘Me flipan tu culo’. Nuestras bocas se pegan, beso largo, lenguas enredadas. Le desabrocho la camisa, él mi blusa, saca mis tetas del sujetador. Nuevo conjunto sexy, se le iluminan los ojos. Baja mi falda, quedo en medias, tanga y sujetador. Me desnuda casi del todo, yo le bajo los pantalones. Su polla hinchada asoma por el bóxer. ‘Mira lo que me haces’, dice. La acaricio, huevos pesados. ‘No te chupo aún, métemela ya’.

El sexo brutal: lamidas, dedos y mi culo entregado

Lo empujo al borde de la cama. ‘A cuatro patas, cabeza abajo, quiero tu tesoro’. Sonrío: ‘Sí, jefe’. Se pone detrás, besa mis nalgas, pasa la lengua por mis labios mayores, quita el tanga. Joder, lame mi coño chorreante, sube al ano, círculos húmedos. Gimo, me retuerzo. ‘Qué sensible tu culito’. Introduce dos dedos en mi coño, masajea el G, lengua en el ano girando, intenta entrar. Luego su pulgar en mi culo, va y viene, lubricado con saliva. Me corro fuerte, el cuerpo temblando, cyprine por sus dedos. ‘Joder… gracias… me vuelves loca’.

Me besa el cuello, tetas. ‘No he terminado’. Cojo condón y lubricante. Me pongo boca arriba, piernas altas, rodillas a los hombros. Él masajea mi ano con dedos untados, uno entra fácil, luego dos. Me besa mientras me abre. ‘Estoy lista… fóllame el culo’. Apoya el glande, empuja lento. Duele un poco al principio, aprieto el clítoris para relajarme. ‘¿Vale?’, ‘Sí… despacio, estás muy gordo’. Entra la cabeza, mitad. Sensación de plenitud brutal, su polla comprimida en mi culo virgen para él. Empieza a bombear, yo gimo, froto mi clítoris frenética. Acelera, profundo. No aguanto, explota dentro, yo tiemblo en un orgasmo anal rarísimo, intenso, diferente.

Nos besamos sudados, abrazados. ‘Gracias, me has hecho redescubrir placeres’. ‘Para mí es mi primera vez así, brutal’. Miramos el reloj, jodidos, tarde. Nos vestimos rápido, besos robados. Salgo primero, él después. Vuelvo a la oficina fingiendo normalidad, pero el culo me palpita, sonrisa tonta. Él en sus reuniones, yo en mi mesa. Nadie nota nada, pero yo sé: esto no acaba aquí.

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