Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una oficina de seguros, con tres colegas maduritas como yo: Vero, la flaca de piernas largas; Ari, la ex-gimnasta con arrugas pero cuerpo firme; y Fran, la rellenita que no esconde sus tetas en el escote. Yo, Corina, 52 tacos, rubia teñida, casada pero… con ganas acumuladas. Llega Pablo, el nuevo asistente para un proyecto de cuatro días. Treintañero, rizos, barba suave, torso marcado bajo la camisa. Desde el minuto uno, las miradas. Él en cabeza explicando gráficos, nosotras atrás, comiéndonosle con los ojos.
Calor de cojones esa tarde, aire roto. Revisando dossiers en la sala común, roces ‘accidentales’. Fran suelta: ‘Joder, qué culito tiene el chaval’. Reímos bajito. Yo disimulo, pero siento el coño húmedo. Al final del día, Fran desaparece con él a la sala de archivos ‘por unos papeles’. Vuelve con ojos brillantes, caminando raro. ‘¿Y?’, le pregunto. ‘Me ha puesto como una moto, chicas. Polla enorme, me ha follado contra las estanterías’. Ari y Vero se apuntan. Al día siguiente, Ari lo pilla en el baño unisex, puerta entornada. Vero, en la pausa almuerzo, lo lleva al almacén.
La tensión sexual que ardía entre los dossiers
Yo… eeeh… reticente. ‘Estoy casada, no’. Pero las veo felices, contándome detalles. ‘Su polla es gorda, dura, te llega al fondo’. Noche de proyecto extra, oficina casi vacía. Pablo y yo solos revisando el último dossier en la sala de reuniones pequeña, puerta con pestillo. Miradas intensas, piernas rozándose bajo la mesa. Siento su mirada en mis tetas, en mis muslos cruzados. ‘Corina, estás… jodidamente sexy’, murmura. Me pongo roja, pero no me muevo. Él se acerca, mano en mi rodilla. ‘Pablo… espera… nos pueden pillar’. Pero mi mano va sola a su paquete. Duro como piedra. Nos besamos, lenguas salvajes, sabor a café y deseo.
Puerta cerrada con clic. Me arranca la blusa, tetas libres brincando. ‘Joder, qué pechones’. Chupa mis pezones duros, mordisquea. Yo desabrocho su pantalón, polla salta: venosa, cabezota hinchada, 20 cm fácil. ‘Mmm, qué polla más rica’. Me arrodillo, la engullo, saliva chorreando, bolas en la mano. Él gime: ‘Sí, chúpamela, puta madura’. Me pone en la mesa, dossiers volando. Falda arriba, braga a un lado, coño chorreando. ‘Métemela ya’. Rasga el condón que saqué del bolso, me abre las piernas. Empuja, despacio… aaah, me llena entera. ‘¡Qué coño tan apretado!’. Empieza a bombear, lento al principio, mesas temblando. Yo: ‘Más fuerte, cabrón, fóllame como a las otras’.
El sexo crudo e intenso sin parar
Me gira, contra la pared, cachetes abiertos. Dedo en mi culo, húmedo de jugos. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, rómpeme el culo’. Cambia condón, escupe, empuja el glande. Duele… joder, quema, pero placer loco. ‘¡Entra toda, joder!’. Me folla el ojete salvaje, bolas chocando en mi clítoris. Mano suya frotando mi botón, grito ahogado: ‘Me corro… aaah’. Chorros míos salpicando suelo. Él acelera: ‘Me vengo, puta’. Se corre dentro, gruñendo. Sudor por todos lados, olor a sexo fuerte, coño y culo palpitando.
Respiro hondo, nos miramos riendo nerviosos. ‘Ha sido… brutal’. Nos limpiamos con kleenex, ropa rápida. ‘Como si nada’. Salimos, él delante, yo detrás arreglándome el pelo. Compañeros ajenos, seguimos trabajando. Adrenalina pura, coño dolorido todo el día. Mañana, números de móvil cambiados. Vivo cerca, repetiremos… fuera de aquí.