Me llamo Ana, tengo 32 años, trabajo en una oficina de seguros en Madrid. Soy de esas que adora el riesgo, el sexo en sitios prohibidos. Me pone la adrenalina de que nos pillen. Y con mi jefe, Carlos, de 50 tacos, maduro, con esa barriga que me flipa… uf, desde hace semanas nos comemos con los ojos.
Hoy, lunes, plomo total. Estoy en mi mesa, apilando dossiers. Él pasa, roza mi hombro. ‘Ana, ¿vienes a mi despacho? Hay que revisar unos papeles’. Su voz grave, me eriza la piel. Asiento, coño, ya siento la humedad entre las piernas. Entro, cierra la puerta. Clic. El espacio se hace íntimo de golpe. El aire huele a su colonia fuerte, mezclada con café rancio de la máquina.
La tensión sube entre carpetas y miradas
Se sienta en su sillón, yo al lado. Nuestras rodillas se tocan. ‘Mira estos números…’, dice, pero sus ojos van a mi escote. Blanco, ajustado. Me muevo, dejo que vea más. Él traga saliva. ‘Joder, Ana, no paras de provocarme’. Río bajito, nerviosa. ‘¿Yo? Tú con esa mirada…’. Su mano grande cae en mi muslo. Sube despacio, bajo la falda. Siento sus dedos ásperos. Pulso acelera. Afuera, oigo voces de compañeros. Mierda, qué morbo.
Me besa el cuello. Mordisquea. ‘Quítate las bragas’, susurra. Las deslizo, empapadas ya. Él se abre el pantalón. Dios, su polla… semi-dura, pero gruesa, venosa. Mide fácil 20 cm cuando se pone tiesa. La agarro, pesada, caliente. ‘Chúpamela, puta’, gruñe. Me arrodillo entre sus piernas, el suelo duro contra las rodillas. La meto en la boca. Salada, con ese sabor a hombre. La chupo lento, lengua alrededor del glande. Gime. ‘Así, joder, qué boca’. La meneo con la mano, crece, me llena la garganta. Tosco, pero me excita.
El polvo intenso y sin filtro
Me pone de pie, contra el escritorio. Papeles vuelan. Baja mi blusa, chupa mis tetas. Duro. Me dobla, falda arriba. Siento su aliento en el coño. ‘Estás chorreando’. Dos dedos dentro, me folla con ellos. Gimo, tapándome la boca. Oigo pasos fuera. ‘Shh, calla o nos pillan’. Saca un condón del cajón. Lo rompe con los dientes. Se pone detrás. ‘Levanta el culo’. Empuja. La punta abre mi coño. Duele un poco al principio, tan gorda. ‘Relájate, zorra’. Empujo hacia atrás, como leí una vez. Entra todo. Lleno, estirándome.
Empieza a bombear. Fuerte. El escritorio tiembla. ‘Tu coño es una gloria… apretado’. Va rápido, sale hasta la punta, me perfora de nuevo. Cambio: me sube encima, yo cabalgando. Sus manos en mi culo, pellizcando. Sudor por todos lados, el olor a sexo invade la habitación. ‘Me vas a hacer correrte dentro’, jadea. Me pone en cuatro sobre la mesa. Me folla 20 minutos sin parar. Endurante el cabrón. Me toca el clítoris, me corro gritando bajito. Tiemblo toda.
Se pega a mí, gruñe. Corre, profundo. Siento los espasmos. Se queda quieto, respirando fuerte. ‘Joder, qué polvazo’. Se retira despacio, condón lleno. Yo, piernas temblando, coño palpitando. Nos limpiamos rápido con toallitas del baño privado. ‘Vístete, Ana. Reunión en 5’. Río, nerviosa. ‘Como si nada’. Salgo primero, pelo revuelto pero hago como que revisé papeles. Él sale después, cara seria. Nadie nota nada. Pero yo… siento su semen residual, el calor. Todo el día con esa sonrisa secreta. Quiero más. Mañana, quizás en el archivo.