Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y vistas al skyline. Hoy había una reunión de equipo, con la nueva, Stella. Dios, qué pedazo de mujer. Pelo largo negro, labios carnosos, falda ajustada que marcaba su culo perfecto. Mi compañero Xavier, con quien tengo un rollo secreto desde hace meses, no le quitaba los ojos de encima. Yo lo vi desde mi sitio, cómo se le ponía la polla dura solo de mirarla.
Estábamos revisando dossiers, pero los roces bajo la mesa… uf. Sus dedos rozaban mi muslo, y yo veía cómo Stella se mordía el labio mirándonos. ‘¿Todo bien, Isabelle?’, me dijo Xavier con esa voz ronca. ‘Sí, pero hace calor aquí, ¿no?’. Le guiñé un ojo. Ella se rio bajito, cruzando las piernas. La tensión era palpable, como electricidad en el aire. Olía a café y a su perfume dulce, que me ponía cachonda.
La tensión sube entre los escritorios
De repente, ‘Vayamos a la sala de atrás a por más papeles’, propuse. Nos miramos los tres. Sabíamos lo que iba a pasar. Cerramos la puerta, bajamos las persianas a medias. El corazón me latía fuerte, pensando en que cualquiera podía entrar. Adrenalina pura.
Xavier me besó primero, duro, con lengua. Stella se acercó, dudando un segundo. ‘¿Puedo?’, murmuró. La atraje por la nuca y le metí la lengua hasta el fondo. Sabía a menta y deseo. Le subí la falda, palpé su tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’, le susurré. Ella gimió, ‘Sí, fóllame ya’. Saqué sus tetas, enormes, pezones duros como piedras. Las chupé, mordí, mientras Xavier se bajaba los pantalones. Su polla saltó, gorda y venosa.
La tiré sobre la mesa, le arranqué el tanga. Su coño depilado brillaba, hinchado. Metí dos dedos, estaba ardiendo, jugosa. ‘Mira qué mojada’, le dije a Xavier. Él se acercó, me besó el cuello mientras yo la masturbaba rápido, clítoris palpitante. Ella se corrió en segundos, arqueándose, ‘¡Joder, sí! ¡Me corro!’. Chorros calientes en mi mano.
El polvo brutal y el regreso al curro
No paré. La puse a cuatro patas, lengua en su culo. Lamí su ano apretado, mientras metía el pulgar en el coño. ‘¡Ah, eso! Más profundo’, jadeaba. Mi dedo corazón entró en su culo, despacio, lubricado con sus jugos. La follé anal y vaginal, alternando. Ella temblaba, sudada, olor a sexo fuerte. Se corrió otra vez, gritando bajito para no alertar.
Me quité las bragas, mojadas. ‘Ahora a mí’. Stella me lamió el coño voraz, lengua experta en mi clítoris. Xavier me la metió por detrás, polla gruesa estirándome. ‘Fóllame fuerte’, gemí. Él embestía, huevos golpeando. Stella sacó un strapon de su bolso, se lo puso. Me la clavó en el culo mientras chupaba la polla de Xavier. Doble penetración brutal, coño y culo llenos, tetas rebotando.
Cambié: cabalgué el strapon de Stella, besándonos salivas. Xavier en mi culo, lento al principio, luego salvaje. ‘¡Me vais a partir!’, grité. Sentía sus pollas frotando dentro, separadas por una membrana fina. Manos por todas partes, pellizcos en pezones, sudor mezclado. Me corrí como loca, espasmos, squirt en la cara de Stella. Xavier se vació dentro, leche caliente. Ella también explotó bajo mí.
Jadeando, nos vestimos rápido. ‘Hostia, qué pasada’, dijo Xavier limpiándose. Stella sonrió, ‘Repetimos cuando queráis’. Nos miramos, risas nerviosas. Limpiamos la mesa con toallitas, aireamos. Salimos como si nada, de vuelta a los escritorios. ‘¿Seguimos con los informes?’, pregunté inocente. Nadie sospechó. Pero mis bragas seguían húmedas todo el día, recordándome el riesgo y el morbo.