Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho papeleo. Hoy… uf, hoy fue con Raúl, el nuevo del departamento. Alto, arrogante, con esa sonrisa de ‘yo lo tengo todo’. Yo, María, 28 años, tetas firmes y un culo que no pasa desapercibido. Siempre abierta a lo prohibido, el riesgo de que nos pillen me pone la piel de gallina.
Estábamos solos en la sala de archivos, revisando expedientes viejos. El aire olía a polvo y café rancio. Él se inclinó sobre la mesa, su brazo rozó el mío. ‘¿Me pasas ese?’ dijo, voz grave. Nuestros ojos se cruzaron. Los suyos, oscuros, bajaban a mis labios. Yo sentí un calor abajo, el coño empezando a humedecerse. ‘Claro…’, murmuré, mordiéndome el labio. Le di el dossier, mis dedos rozaron los suyos. Electricidad. Él no apartó la mano. ‘Estás… nerviosa, ¿no?’, sonrió pícaro.
La tensión subiendo entre papeles y miradas
Me acerqué más, fingiendo buscar un papel. Mi falda se subió un poco, noté su mirada en mis muslos. ‘¿Y tú?’, le pinché, voz baja. Su aliento cálido en mi cuello. ‘Joder, María, desde que entraste me tienes loco’. Sus manos en mi cintura, tirando de mí. El corazón me latía fuerte. Miré la puerta entreabierta, voces lejanas en el pasillo. Adrenalina pura. ‘Calla…’, susurré, pero ya le besaba el cuello, oliendo su colonia mezclada con sudor.
Nos apretamos contra los estantes. Sus labios en los míos, duros, urgentes. Lengua dentro, saboreando. Manos por todas partes. La mía bajó a su pantalón, palpé esa polla dura, gruesa. ‘Mmm, qué pedazo…’, gemí. Él me levantó la falda, dedos en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta caliente’. Rasgó la tela, dos dedos directos al coño. Jadeé, arqueándome. ‘¡Joder, Raúl!’. El ruido de papeles cayendo. Puerta aún abierta, pero ya no importaba.
El sexo crudo e intenso sin frenos
Me giró, falda arriba, culo al aire. ‘Voy a follarte aquí mismo’. Su polla salió, enorme, venosa. La frotó en mi raja, untándola de mis jugos. Entró de golpe, hasta el fondo. ‘¡Aaaah!’. Dolor y placer. Me embistió fuerte, manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Tu coño aprieta como una virgen, coño’. Yo empujaba contra él, clítoris rozando sus huevos. Sudor goteando, olor a sexo llenando la sala. ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme’. Golpes secos, piel contra piel. Una carpeta cayó, estruendo. ‘¡Shh!’, pero reíamos nerviosos, follando más salvaje.
Me puso sobre la mesa, piernas abiertas. Polla dentro otra vez, chupándome los pechos. Mordiscos. ‘Me vengo, joder’. No, ‘Sigue, fóllame el culo ahora’. Escupió en mi ano, dedo primero, luego la cabeza. Lentooo… ‘¡Qué apretado!’. Entró, centímetro a centímetro. Grité bajito, lágrimas de placer. Él gruñía, follándome anal como un animal. Manos en mi clítoris, frotando. Orgasmos en cadena. Mi coño squirteó, mojando expedientes. Él se corrió dentro, caliente, llenándome. ‘Toma mi leche, zorra de oficina’.
Jadeando, sudados. Sacó la polla, semen chorreando por mis piernas. Rápido, nos limpiamos con kleenex. Falda abajo, corbata recta. ‘Nadie se ha enterado’, susurró, beso rápido. Salimos por separado. Yo al baño, limpiando el desastre. Regresé a mi escritorio, piernas temblando. Él pasó, guiño. Reunión en cinco minutos. Sonreí, coño aún palpitando. Como si nada. Pero mañana… quién sabe.