Mi polvo salvaje en la oficina con el jefe y el compañero

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Fue anoche, en la oficina, trabajando hasta tarde en ese caso jodido de la empresa. Yo, Sonia, la nueva en contabilidad, con mi jefe Carlos –alto, con esa mirada cansada pero cachonda– y el compañero nuevo, Marcos, joven y con paquete marcado en los pantalones. Estábamos los tres solos, el edificio vacío, solo el zumbido de los ordenadores y el olor a café rancio.

Empezó con tonterías. Revisando dossiers en mi mesa, rozando brazos. ‘Sonia, pásame ese informe’, dice Carlos, y su mano se queda un segundo de más en mi muslo. Yo sonrío, cruzo las piernas, noto cómo mi tanga se moja ya. Marcos nos mira de reojo, se aclara la garganta. ‘Joder, qué calor aquí, ¿no?’. Sí, calor, el del coño palpitando.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

Nos reímos nerviosos. ‘Venga, vamos al archivo de atrás, más privado’, sugiere Carlos. Eh… ¿privado? Mi corazón late fuerte, la adrenalina de que nos pillen me pone a mil. Caminamos por el pasillo oscuro, tacones resonando, sus respiraciones pesadas detrás. Cerramos la puerta del cuartito polvoriento, lleno de cajas y ese olor a papel viejo mezclado con sudor nuestro.

Allí, las miradas se clavan. Carlos me acorrala contra la pared, su aliento en mi cuello. ‘Sabes que te como con los ojos todo el día, ¿verdad?’. Asiento, mordiéndome el labio. Marcos se acerca, duda: ‘¿Puedo… unirme?’. ‘Claro, cabrón, ven’, le digo, ya con la mano en su bragueta. La tensión explota, besos torpes, lenguas enredadas, manos por todos lados.

Carlos me arranca la blusa, botones volando. Mis tetas saltan libres –sin sujetador, como siempre en la oficina para provocarlos–. ‘Joder, qué pezonazos duros’, gruñe, chupándolos fuerte, mordiendo hasta doler rico. Yo gimo bajito, ‘Shh, no gritéis, que nos oyen’. Marcos baja mis falda, tanga al suelo. ‘Mira ese coño depilado, chorreando’. Meto mano en su pantalón, saco su polla gorda, venosa, ya tiesa como piedra. La meneo, ‘¡Qué verga más grande, Marcos!’.

Carlos se desabrocha, su polla gruesa sale disparada. Me arrodillo en el suelo sucio, las rodillas raspando. Chupo una y otra, alternando. ‘Mmm, sabéis a hombre de oficina, sudados’. Carlos me agarra el pelo, folla mi boca profunda, ‘Trágatela toda, puta’. Marcos me come el coño desde atrás, lengua en el clítoris, dedos en el ano. ‘Estás empapada, Sonia, preparadita para polvazo’.

El polvo brutal sin frenos en el cuartito

Me ponen de pie, Carlos me levanta una pierna, entra de golpe en mi coño. ‘¡Aaaah, joder, qué prieto!’. Empuja brutal, plaf plaf, contra la pared. Marcos detrás, escupe en mi culo, mete dedos. ‘Ahora el ano, ¿lista?’. ‘Sí, rómpemelo’. Su polla cabezona empuja, duele al principio, luego placer loco. Doble penetración, los dos follándome a la vez, ritmos desincronizados, me parten en dos.

Grito ahogada, ‘¡Más fuerte, cabrones, hacedme correrme!’. Sudor goteando, olor a sexo puro, pollas hinchadas rozándose dentro de mí. Carlos sale, me gira, me come el culo mientras Marcos me folla la boca. Cambio posiciones: yo cabalgando a Carlos en una caja, polla hasta el fondo, tetas rebotando; Marcos metiendo por atrás, pellizcando pezones. ‘¡Me vengo, joder!’. Exploto, coño contrayéndose, chorro mojando todo.

Ellos no paran. Carlos gruñe, ‘Me corro en tu cara’. Le saco leche espesa, caliente, tragando parte, resto chorreando barbilla. Marcos en mi culo, ‘¡Toma, puta de oficina!’, inunda mi ano de porra. Nos quedamos jadeando, besos pegajosos, risas nerviosas.

Minutos después, nos vestimos a prisa. ‘Venga, volvamos al curro como si nada’, dice Carlos, guiñando. Limpio el semen con kleenex, peino pelo revuelto. Salimos, caras serias, sentados a las mesas. ‘Bueno, ¿seguimos con los dossiers?’. Nadie dice ni mu, pero las miradas dicen todo. Adrenalina pura, coño dolorido aún latiendo. Mañana, más.

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