Mi polvo prohibido en la oficina: la adrenalina de follarme al compañero

Buff, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en una oficina de seguros, papeleo todo el día, pero con Marco… uf, ese tío me pone a mil desde el primer día. Es mi compañero de al lado, alto, con esa barba de tres días y ojos que te desnudan. Hoy, en la reunión de equipo, nos pillamos mirándonos. Yo con las piernas cruzadas, sintiendo cómo se me humedece el coño solo con su sonrisa pícara. Él, ajustándose los pantalones disimuladamente.

Después, me pide ayuda con unos expedientes. ‘Ven a mi despacho, porfa’, me dice con voz ronca. Entro, cierro la puerta. El aire se carga de golpe. Estamos solos, el ruido de las teclas de fuera como fondo. Se acerca, huele a colonia y sudor masculino. ‘Sabes que te como con los ojos, ¿verdad?’, murmura. Yo, nerviosa, eh… sí, lo noto. Mi corazón late fuerte, la adrenalina de que nos pillen me excita más. Sus manos en mi cintura, yo le rozo el paquete. Está duro como una piedra. Nos besamos, lenguas enredadas, mordiéndonos los labios. ‘Joder, no aguanto más’, gime él.

La tensión sube entre expedientes y miradas

El espacio se hace privado de verdad cuando echa el pestillo. Me empuja contra la mesa, sube mi falda. Mis bragas ya empapadas. ‘Mira cómo estás de puta’, dice riendo bajito. Me las arranca, mete dos dedos en mi coño chorreante. Estoy que exploto, gimo suave para no armar jaleo. Él se baja los pantalones, saca esa polla gruesa, venosa, goteando precum. La agarro, la chupo ansiosa. Sabe salado, caliente. La meto hasta la garganta, él me agarra el pelo. ‘¡Qué buena mamada, nena!’.

El sexo brutal y la vuelta al curro

Me pone de rodillas en la moqueta, me abre las piernas. Su lengua en mi clítoris, lamiendo como loco. ‘Tu coño es una delicia, tan jugoso’. Meto mis tetas fuera del sujetador, me las masajeo mientras él me come el chocho. Luego, me gira, me pone a cuatro patas sobre los expedientes. Siento su glande en mi entrada… zas, me la clava entera. ¡Joder, qué llena me deja! Empieza a bombear fuerte, piel contra piel, el sonido chapoteante de mi coño empapado. ‘¡Fóllame más duro, cabrón!’, le suplico ahogada. Me agarra las caderas, me da azotes en el culo. Cambio de posición, me sube a la mesa, piernas en alto. Me penetra profundo, rozando mi punto G. Grito bajito, mordiéndome el labio. Él suda, gruñe: ‘Me voy a correr… ¿dónde?’. ‘Dentro, lléname la concha’. Se corre a chorros, caliente, mientras yo exploto en un orgasmo brutal, contrayéndome alrededor de su polla.

Eh… jadeamos, sudados, oliendo a sexo puro. Rápido, nos recomponemos. Yo me limpio el coño con kleenex, me pongo las bragas rotas. Él se sube el pantalón, guarda la polla aún semi. ‘Como si nada, ¿eh?’, dice guiñando. Salimos, volvemos a nuestros puestos. Colegas preguntan por los expedientes, sonreímos normales. Pero yo siento su semen chorreando aún, la falda pegajosa. Toda la tarde, miradas cómplices, la adrenalina no para. Mañana… ¿repetimos?

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