Mi mamada salvaje en la oficina: el riesgo de ser pillada

Trabajo en un despacho enorme en el centro de Madrid, en el piso 20 con vistas a la Castellana. Todos los días lo mismo: reuniones, informes, café quemado. Pero ayer… uf, ayer fue distinto. Llegó Carlos, el nuevo del marketing. Alto, moreno, con esa sonrisa que te clava. Desde la mañana, nos cruzamos miradas. Yo revisando dossiers en mi mesa, él al lado, pasando papeles. Nuestras rodillas se rozan bajo la mesa compartida. Siento su calor. Me mojo un poco, coño.

—Ey, Sofia, ¿me pasas ese informe? —me dice, voz baja, ojos fijos en mis tetas bajo la blusa.

La tensión sube entre carpetas y miradas

—Claro… aquí tienes —respondo, rozando su mano a propósito. El pulso se acelera. El jefe grita algo al fondo, pero nosotros en nuestro mundo. Huelo su colonia, mezcla con sudor. Me imagino su polla dura. Pase el día así: roces, sonrisas pícaras, mensajes en el chat interno. ‘Ven a la sala de reuniones en 10’. Mi corazón late fuerte. ¿Y si nos pillan? Esa adrenalina me pone cachonda perdida.

A las 7, oficina casi vacía. Entro en la sala pequeña, persianas bajadas, mesa grande. Él ya está, puerta cierra con clic. Espacio privado al fin. Se acerca, me agarra la cintura.

—¿Quieres esto tanto como yo? —susurra, mano en mi culo.

—Sí… joder, sí —digo, temblando. Nos besamos salvaje, lenguas enredadas, saliva. Siento su erección contra mi tripa. Le bajo el pantalón zipper rápido. Su polla salta, gruesa, venosa, cabeza roja hinchada. Mmm, qué pinta. Me arrodillo, suelo frío contra rodillas. La huelo, almizcle masculino. La lamo despacio, desde huevos hasta punta. Él gime bajito.

La fase de calentón había sido eterna. Ahora, el acto puro. Boca abierta, engullo la cabeza. Sabe salado, pre-semen. Chupo fuerte, labios apretados. Va-et-vient lento al principio, lengua girando alrededor del frenillo. Él agarra mi pelo, empuja suave.

—Joder, Sofia… qué boca —jadea.

Acelero, meto más, hasta la garganta. Gorgoteo, saliva chorrea por barbilla. Le miro arriba, ojos lujuriosos. Manos en sus muslos peludos, uñas clavando. Le bajo huevos, los chupo uno a uno, redondos, pesados. Vuelvo a la polla, mamada profunda. La trago entera, nariz en pubis, pelo rizado rozándome nariz. Él tiembla, caderas follando mi boca.

Cracho saliva en la verga, lubrico. Manos branquitas arriba-abajo, sincronizadas con labios. Rápido, chasquidos húmedos. Siento venas pulsando. Cambio ritmo: suelto, lamo lados como helado, dientes suaves rozando piel. Él gruñe:

El polvo oral sin filtros en la sala

—No pares… coño, me vas a hacer correr.

Dos minutos pausa, beso huevos, soplo aire fresco en glande mojado. Reanudo feroz. Boca como coño, apretada, succionando. Lengua plana presionando abajo. Él suda, olor fuerte. Me corro yo sola, bragas empapadas, rozando muslo.

Llega el clímax. Él avisa:

—Voy… agárrala.

Saco polla, puntería a tetas. Primer chorro leche caliente, espeso, blanco, salpica mejilla. Segundo en boca abierta, saboreo amargo. Tercero en pechos, resbala escote. Le exprimo base, saco resto. Limpio glande lengua, tragando todo. Goteo postrero en labios.

Él suspira, yo sonrío con semen en cara. Nos limpiamos rápido: toallitas húmedas del cajón, él se sube pantalones, yo blusa tiesa. Rápido abrazo.

—Ha sido… brutal —dice.

—Shh, volvamos como si nada.

Salimos por separado. Vuelvo a mesa, abro Excel fingiendo normal. Él pasa, guiño. Jefe pregunta algo, respondo serena. Adrenalina aún, coño latiendo. Hoy, miradas nuevas. Mañana… ¿repetimos?

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