Eh… no sé, acabo de vivirlo y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina de aeronáutica aquí en Madrid, soy ingeniera de calidad, voy de sitio en sitio revisando procedimientos. Ayer llegó este inspector nuevo, Pablo. Alto, ojos verdes, unos treinta tacos, con esa sonrisa de listillo. Desde la mañana, nada más entrar, nos cruzamos miradas. Yo con los expedientes en la mano, él fingiendo leer docs, pero yo notaba sus ojos bajando a mis tetas, apretadas en la blusa blanca. Uf, calor subiendo.
Le paso un dossier, nuestros dedos se rozan. ‘Perdona…’, dice él, pero no aparta la mano. Yo sonrío, me muerdo el labio. ‘No pasa nada, Pablo’. Todo el día así: yo inclinándome sobre la mesa, culo en pompa, él detrás ‘ayudando’. Sudor en el cuello, olor a café y papeles viejos. Susurros: ‘Estos procedimientos… hay que revisarlos a fondo’. Yo: ‘Sí, a fondo…’. Corazón latiendo fuerte, coño empezando a mojarme la braguita. Fin de jornada, todos se van. ‘¿Te quedas?’, me pregunta el jefe por email. ‘Sí, termino con Pablo’. Cerramos la puerta del despacho grande, pestillo echado. Espacio privado. Adrenalina pura, ¿y si alguien vuelve?
La tensión entre expedientes y miradas calientes
No aguanto más. Me giro, lo empujo contra la mesa. ‘Joder, Pablo, desde la mañana…’. Lo beso duro, lengua dentro, saboreando su saliva con gusto a menta. Manos en su camisa, botones volando. Él me agarra el culo, aprieta fuerte: ‘Eres una puta viciosa, ¿eh?’. Bajo su cremallera, polla dura saltando fuera, gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué polla más rica’. Me arrodillo, olor a macho, la meto en boca. Chupo despacio al principio, lengua en el glande, luego fundo garganta. Él gime: ‘Joder… cabrona…’. Me pone de pie, blusa rota, tetas fuera, pezones duros. Me lame los pechos, muerde, duele rico. Manos en mi falda, la sube, braguita a un lado. Dedos en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, zorra’. Dos dedos dentro, bombeando, pulgar en clítoris. Gimo bajito: ‘Sí… así… no pares’.
El polvo brutal y el regreso al curro como si nada
Me tumba sobre el escritorio, papeles volando, bolis al suelo. Piernas abiertas, coño expuesto, húmedo brillando. ‘Fóllame ya, coño’. Condón? Ni de coña, riesgo total. Polla en la entrada, empuja de golpe. ‘¡Aaaah!’. Llena, estirándome, follando duro. Mesa crujiendo, mis tetas botando. Él embiste: ‘Tu coño aprieta como puta virgen’. Yo araño su espalda: ‘Más fuerte, joder, rómpeme’. Sudor goteando, olor a sexo mezclado con tinta. Cambio: yo encima, cabalgando, coño tragando polla entera. Clítoris frotando, orgasmo subiendo. ‘Me corro… ¡me corro!’. Temblores, chorros mojando todo. Él gruñe: ‘Ahora yo…’. Sale, semen caliente en mis tetas, chorros blancos. Pantalla respirando agitada.
Uf… min después, limpiamos rápido. Toallitas del baño, semen pegajoso quitado. Falda bajada, blusa abotonada como sea. ‘Venga, como si nada’, digo riendo nerviosa. Él: ‘Mañana más?’. ‘Si no nos pillan…’. Salimos, luces apagadas. Mañana en la oficina, cafés, expedientes normales. Miradas cómplices, roces disimulados. Nadie nota. Pero yo… aún siento su polla dentro. Adrenalina adictiva, ¿repetimos?