Mi follada salvaje en la oficina: el secreto que no conté hasta ahora

Hoy… eh… no sé por dónde empezar. Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho papeleo. Llevo falda corta, ajustada, que se me sube un poco cuando me agacho. Hoy tocaba archivar documentos en la sala de atrás, esa que está medio olvidada, con estanterías altas y olor a papel viejo. Estaba con Marco, el nuevo del almacén, alto, moreno, con esa sonrisa pícara. Y luego apareció Javi, su jefe, más curtido, con manos grandes.

Al principio, todo normal. ‘Pásame esa caja, Sofía’, dice Marco, rozándome el brazo. Siento su mirada bajando por mis piernas. Yo… bueno, me pongo colorada, pero me gusta. Le sonrío, me estiro para alcanzar un estante alto, y noto cómo mi falda se tensa en el culo. ‘Joder, qué bien te queda eso’, murmura Javi, acercándose. El aire se carga, eh… se oye el ventilador zumbando, pero el calor sube. Cerramos la puerta, ‘por si molesta la corriente’, dice Marco. Ya estamos solos, el espacio chiquito, privado. Sus ojos en mi escote, yo mordiéndome el labio. ‘¿Qué miras tanto?’, le digo juguetona, rozando su polla por encima del pantalón. Está dura ya. ‘Tú qué crees’, responde, y me besa el cuello. Adrenalina pura, pensando que cualquiera puede entrar.

La tensión subiendo entre los dossiers y las miradas

La cosa explota rápido. Me subo la falda, quito las bragas. ‘Mira qué coñito tan mojado’, dice Marco, arrodillándose. Me lame despacio, la lengua en el clítoris, chupando mis labios. Gimo bajito, ‘shhh, no hagas ruido’, pero yo jadeo más. Javi se baja los pantalones, saca una polla gorda, venosa. ‘Chúpala, puta’, me ordena. Me pongo de rodillas, la meto en la boca, saboreando el precum salado. Marco me come el coño desde atrás, dedos dentro, moviéndose rápido. ‘Estás empapada, zorra’, dice. Cambio de postura, me apoyo en la mesa de archivos. Marco me clava su verga de un empujón, ‘¡joder, qué prieta!’, grita. Me folla fuerte, cachetazos en el culo, el sonido de piel contra piel. Siento su rabo grueso abriéndome, rozando el punto G, piernas temblando.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

Javi no espera, me mete la polla en la boca mientras Marco me taladra. ‘Traga hasta el fondo’, dice, agarrándome el pelo. Escupo saliva, babeo toda. Luego cambian: Javi me tumba en la mesa, piernas abiertas, y me penetra brutal. ‘¡Toma polla, guarra del trabajo!’, embiste como un animal, bolas golpeando mi culo. Marco me masajea las tetas, pellizca pezones duros. Grito de placer, ‘¡Más fuerte, folladme más!’. Llega otro compañero, Raúl, que oye ruidos. ‘¿Qué coño pasa aquí?’, pero se une riendo. Se saca la verga larga, me la frota en la cara. ‘Abre esa boca’. Ahora tres, turnándose. Raúl me la mete hasta el fondo del coño, ‘¡Qué chorreante, puta!’. Eyacula dentro con un rugido, semen caliente chorreando. Marco y Javi se corren en mi cara y tetas, pegajoso, olor fuerte a macho. Yo me corro tres veces, el clítoris hinchado, coño palpitando, sudada perdida.

Al final… eh… nos miramos, riendo nerviosos. ‘Venga, a currar’, dice Javi limpiándose. Me limpio con toallitas, me pongo la falda, el pelo revuelto. Salimos uno a uno, como si nada. Vuelvo al escritorio, tecleando informes, con el coño aún palpitando y semen secándose en las bragas. Nadie sospecha. Esa adrenalina… uf, me encanta el riesgo. Mañana, quizás repetimos.

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