Mi aventura prohibida en los archivos de la oficina con un pollón adictivo

Hola, chicas… o quien sea que lea esto. Soy Marta, 32 años, trabajo en una oficina de seguros en Madrid. Muy abierta, ya sabéis, me flipa el morbo en el curro. Esa adrenalina de que te pillen… uf. La semana pasada me pasó algo que aún me pone la piel de gallina. Estaba en los archivos del sótano, buscando un expediente gordo para el jefe. Lugar oscuro, polvoriento, estanterías hasta el techo llenas de carpetas amarillentas. Olía a papel viejo y humedad. Llevaba falda lápiz ajustada, blusa blanca semitransparente, sin sujetador porque… ¿para qué? Y tacones que resonaban en el suelo de cemento.

De repente, oigo un ruido raro detrás de una estantería. Me asomo… y veo a Pablo, el nuevo becario, 19 años máximo, altísimo y flaco como un palo. Vestido con pantalón de chándal gris –sí, en oficina casual friday– y sudadera. Estaba apoyado contra los expedientes, con la mano dentro del pantalón, moviéndola despacio. Me mira, sudado, nervioso. ‘Eh… ¿te molesta si sigo?’, dice bajito, con voz temblorosa. Me quedo parada, el corazón me late fuerte. Río nerviosa. ‘¿Qué coño estás haciendo ahí?’. Él, sin cortarse: ‘Me estaba pajeteando… con las fotos de las clientas del expediente’. Joder, qué morro.

La tensión sube entre los expedientes y las miradas

No sé por qué, digo: ‘Venga, no pares por mí’. Se ríe, baja el pantalón. ¡Hostia puta! Sale una polla descomunal, venosa, gorda como mi muñeca, capullo rojo brillante. ‘¡Joder, qué pollón!’, suelto sin pensar. Él empieza a pajearse lento, mirándome las piernas. El ascensor… no, la puerta de los archivos está entreabierta, pero la cierra con el pie. Clic. Ahora estamos solos, privados. El espacio se hace íntimo, el aire cargado. Sus ojos suben por mi falda, intentan ver mis tetas bajo la blusa. Yo… no puedo apartar la vista de esa verga palpitante. Detalles: piel suave, pocos pelos, pre-semen goteando ya.

‘¿Te molesta esperar un poco? Me mola que me miren’, murmura. Asiento, tragando saliva. Me cuenta sus movidas: ‘Me pajeo en el baño viendo pornos de oficina, pero lo mejor es correrles a las tías sin que se enteren. Ayer, en el metro, le metí tres chorros en el culo a una secretaria con falda. Mirad’. Saca el móvil, fotos: culos manchados de leche blanca, faldas salpicadas, una con pelo pringado. Increíble. ‘Eres un puto loco’, digo, pero mis pezones ya están duros, rozando la blusa. Me acerco un paso, huelo su sudor mezclado con colonia barata.

El clímax brutal: corrida salvaje sin filtros

Empieza la locura. Me desabrocha la blusa él mismo, torpe pero decidido. ‘¡Para, cabrón!’, digo riendo, pero dejo. Fuera las tetas, redondas, oscuros pezones erectos. Él jadea, pajita más rápida. Siento mi coño humedeciéndose, chorreando bajo las bragas. Me sube la falda, mete mano. ‘Estás empapada, puta’. Dedos en mi raja, resbaladizos. Yo le agarro la polla, enorme, caliente, late en mi palma. ‘Fóllame con la mano’, gimo. Me mete dos dedos, luego tres, chapoteando en mi coño abierto. Yo le meneo la verga, capullo hinchado.

De repente, gruñe: ‘Me corro…’. Le digo: ‘Sobre mí, joder’. Tiro las bragas a un lado, abro piernas contra la estantería. Expedientes caen. Su polla apunta a mi pubis depilado. ¡Pum! Primer chorro, espeso, caliente, me salpica las labios mayores, chorrea por mi clítoris. Sigo masturbándome con su leche. Segundo jet brutal, directo en mi coño, mezclándose con mis jugos. Gimo fuerte, corro yo también, piernas temblando. No para: apunta arriba, me inclino. Tercer y cuarto chorro en mi cara, lengua fuera. Salado, viscoso, me trago lo que puedo, el resto baja por barbilla a tetas. Leche goteando por mi piel, olor fuerte a sexo puro.

Uf… jadeamos. Se guarda la polla, aún gorda. Yo me limpio un poco con los dedos, me chupo la leche restregándola en tetas. ‘Foto para mi colección?’, pide. Sonrío, poso: falda arriba, coño lechoso, cara pringada. Flash. Subimos al ascensor, olor a corrida en mi piel. En la oficina, todos trabajando. Me siento en mi mesa, falda pegajosa, blusa mal abotonada. Sonrío al jefe, como si nada. Pero debajo, su semen seca en mi coño. Cada rato me toco disimulada, recordando. Aún tengo la foto. ¿Queréis verla? Dios, qué vicio…

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