Trabajo en una oficina cutre en el centro de Madrid, rodeada de papeles y jefes estirados. Llevo meses echando un ojo a Carlos, mi jefe directo. Tiene cuarenta y pico, barriguita de cerveza pero polla que se nota en los pantalones ajustados. Yo, con veintidós, falda corta y blusa escotada, sé que lo vuelvo loco. Hoy, post-confinamiento, la oficina está medio vacía. Todos currando en remoto aún.
Estamos solos en la sala de expedientes, buscando unos informes. Él se acerca demasiado, su aliento en mi cuello. ‘Mira esto, nena’, dice pasándome un folio. Nuestras manos se rozan, y joder, siento el calor. Levanto la vista, sus ojos clavados en mis tetas. Sonrío, mordiéndome el labio. ‘¿Qué pasa, Carlos? ¿Te distraigo?’ Él carraspea, pero no se aparta. ‘Eres un peligro, tía. Si nos pillan…’
La tensión sube entre expedientes y miradas
El aire se carga. Cierro la puerta con pestillo, el clic resuena. ‘Nadie viene aquí’, susurro. Me empujo contra él, su polla ya dura contra mi tripa. Nos miramos, jadeando. Sus manos en mi culo, apretando fuerte. ‘Joder, qué culito’, murmura. Yo le beso el cuello, oliendo a colonia barata y sudor. Desabrocho su camisa, lamiendo su pecho peludo. Él me sube la falda, dedo en mi tanga húmeda. ‘Estás empapada, puta’, dice riendo bajito.
No aguantamos más. Lo empujo contra la mesa, llena de carpetas. Le bajo los pantalones de un tirón. Su polla salta, gorda, venosa, con la punta brillando de pre-semen. ‘Mira qué pedazo’, digo lamiéndome los labios. Me arrodillo, el suelo frío contra mis rodillas. La cojo con la mano, chupando la cabeza despacio. Él gime, agarrándome el pelo. ‘Así, cabrona, trágatela toda’. La meto hasta la garganta, tosiendo un poco, saliva chorreando. La mamao fuerte, lengua en los huevos, notando cómo palpita.
El polvo brutal y el regreso al curro
Me levanto, me quito la tanga y la tiro. ‘Fóllame ya’, le ordeno. Él me gira, me pone en cuatro sobre la mesa, papeles volando. Siento su polla en mi coño, resbaladizo de mis jugos. Empuja de golpe, rompiéndome. ‘¡Ahhh, joder!’, grito bajito. Me taladra sin piedad, huevos chocando contra mi clítoris. ‘Qué coño más apretado’, gruñe. Yo me muevo atrás, queriendo más. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. Cambio de posición, me sube a la mesa, piernas abiertas. Me come el coño un segundo, lengua en el ano, luego embiste otra vez. ‘Me corro, puta’, dice. ‘Dentro no, cabrón’, pero él ignora, llenándome de leche caliente. Yo exploto, coño contrayéndose, uñas en su espalda.
Sudados, jadeando. Él sale, semen chorreando por mi muslo. Nos miramos, riendo nerviosos. ‘Ha sido una locura’, dice limpiándose con un kleenex. Me bajo la falda, arreglo el pelo. ‘Vuelve al curro, jefe. Como si nada’. Él asiente, abrochándose. Salimos por separado, yo primero. En mi mesa, piernas temblando, coño palpitando. Miro los expedientes revueltos en mi mente. Nadie nota nada. Sonrío, ya pensando en la próxima.