Mi follada prohibida con el técnico en la oficina

Uf, chicas, no sé por dónde empezar. Trabajo en una oficina pequeña, de esas con despachos cerrados y mucho papeleo. Soy Laura, 38 años, divorciada, y… bueno, abierta a todo. Adoro el riesgo en el curro, esa adrenalina de que te pillen. Hoy os cuento lo de ayer, fresco, como si aún oliera a sexo.

Llegó él, Pablo, el técnico de mantenimiento. Venía a arreglar el servidor, que se había jodido. Alto, moreno, con esa camiseta ajustada que marcaba pectorales duros. Yo estaba en mi despacho, rodeada de carpetas, sudando un poco porque el aire fallaba. ‘Hola, ¿dónde está el problema?’, dijo con voz grave. Le miré los ojos, grises, intensos. ‘Aquí, pasa, cierra la puerta’, respondí, y noté un cosquilleo.

La tensión sube entre carpetas y miradas

Empezó a trastear con cables, agachado. Yo fingía revisar dossiers, pero mis ojos iban a su culo prieto en esos vaqueros. Se giró, rozó mi pierna con la mano. ‘Perdón’, murmuró, pero no apartó la vista. Sonreí, crucé las piernas despacio, mi falda subiendo un poco. ‘No pasa nada… hace calor, ¿eh?’. Él tragó saliva, ‘Sí, mucho’. Silencio pesado. Me levanté a por agua, pasé cerca, mi teta rozó su hombro. ‘Ehm… ¿necesitas ayuda?’, pregunté, voz ronca.

Sus ojos bajaron a mi escote, blusa medio desabotonada. ‘Quizá… con el polvo’. Reí bajito. ‘Polvo es lo que nos hace falta a los dos’. El espacio se cerró. Cerró la puerta con pestillo, clic que me puso la piel de gallina. Se acercó, olía a hombre, sudor limpio. ‘¿Estás segura?’, susurró, mano en mi cintura. Asentí, mordiéndome el labio. ‘Fóllame ya, antes que vuelva alguien’.

Me empujó contra el escritorio, besó mi cuello, mordiendo suave. Desabroché su cinturón, polla dura saltó fuera, gruesa, venosa. ‘Joder, qué pedazo’, gemí. La chupé ansiosa, saliva goteando, lengua en el glande. Él gruñó, ‘Qué boca, puta’. Me levantó la falda, braga al lado, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando’, dijo, metiendo dos, follándome con ellos. Jadeé, ‘Más, cabrón’.

El polvo brutal en el despacho privado

Me tumbó sobre las carpetas, papeles volando. Polla entró de golpe, estirándome el coño. ‘¡Ahhh!’, grité bajito, mordiendo mi puño. Bombeaba fuerte, mesa crujiendo. Sudor goteaba, tetas rebotando libres, pezones duros. ‘Me encanta tu coño apretado’, jadeaba él. Cambió, me puso a cuatro, cacheteadas en el culo. ‘Toma, zorra de oficina’. Entró por el culo, lubricado con mi propio jugo. Dolor-placer, anal brutal, ‘¡Sí, rómpeme el ojete!’.

Corrí dos veces, piernas temblando, coño palpitando. Él se corrió dentro, semen caliente llenándome. ‘Joder, qué follada’, murmuró. Nos quedamos jadeando, olía a sexo puro.

Luego, rápido. Se limpió con kleenex, yo me arreglé la falda, blusa. ‘Vuelve al curro, yo termino el servidor’, dijo guiñando. Sonreí, ‘Como si nada’. Salí, piernas flojas, sentándome ante el ordenador. Él salió pitando, ‘Todo arreglado’. Nadie notó nada, pero yo… aún siento el hormigueo. Mañana, ¿repetimos?

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