Mi polvo salvaje en la oficina: la mamada que salvó el deadline

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una agencia de marketing, soy María, la jefa de proyecto. Llevamos semanas con un deadline asesino, presentación al cliente mañana. Mi compañero Pablo, el diseñador estrella, está hecho mierda. Su novia le ha puesto los cuernos con mi ex, el muy cabrón. Lo pillo en su cubículo, mirando al vacío, con los ojos rojos y las manos temblando sobre el teclado. ‘Pablo, ¿qué coño te pasa?’, le digo bajito, sentándome al lado. Él ni me mira, solo murmura ‘No puedo, María… todo se va a la mierda’. El resto de la oficina ya se ha pirado, solo quedamos nosotros dos, luces tenues, el aire acondicionado zumbando. Le pongo la mano en el muslo, ‘Venga, suéltalo’. Él suspira, me cuenta lo de su novia y mi ex follándose en el baño de la copa de equipo. Siento la rabia subiendo, pero también… esa chispa. Nuestras miradas se cruzan, intensas, como si el aire se cargara de electricidad. ‘Mírame’, le digo, y mis dedos suben por su pantalón. Él jadea, ‘María, no… aquí’. Pero no se aparta. Cojo unos dossiers para tapar, el espacio se hace nuestro, privado. Mi mano roza su polla, ya dura bajo la tela. ‘Shhh, solo para que te relajes’, susurro. Él asiente, mordiéndose el labio.

No aguanto más. Me arrodillo bajo el escritorio, el corazón latiéndome a mil, por si alguien entra. Desabrocho su cremallera, saco esa polla gruesa, venosa, ya goteando precum. ‘Joder, Pablo, qué polla más bonita’, digo oliéndola, ese olor a hombre sudado del día. Él gime ‘María… para’. Pero yo ya la tengo en la boca, la lengua rodeando el glande, saboreando esa sal. Chupo despacio al principio, succionando, metiendo la cabeza hasta la garganta. Él agarra mi pelo, ‘Hostia, qué bien chupas…’. Acelero, babas por todos lados, mi coño empapado frotándose contra el tacón. Le meto un dedo en el culo mientras mamó, masajeando la próstata, él se tensa ‘¡Joder, sí!’. Polla hinchada, latiendo, la saco y la escupo, lamiendo las bolas peludas, chupándolas una a una. Vuelvo a la verga, vaivén brutal, garganta profunda, arcadas que me ponen más caliente. ‘Me voy a correr’, gruñe. ‘Córrete en mi boca, cabrón’, ordeno. Él explota, chorros calientes de leche espesa llenándome la boca, tragando lo que puedo, el resto chorrea por mi barbilla. Gimo con él, mi coño palpitando sin tocarlo.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

Uff, nos miramos jadeando. Me limpio la boca con el dorso de la mano, él se sube los pantalones rápido. ‘Gracias, María… ahora sí puedo acabar esto’. Sonrío, ‘De nada, pero ni una palabra’. Nos sentamos, abro mi portátil como si nada, él edita el diseño. El reloj marca las 11, deadline salvado. Mañana el cliente flipará, y nadie sabrá que la clave fue mi boca en su polla. Esa adrenalina… uf, me muero por repetirlo. Pero shhh, secreto de oficina.

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