Follada lésbica prohibida en la oficina con mi jefa mulata

Trabajo en una consultora en Madrid. Proyectos eternos, noches hasta las mil. Me encanta el rollo, pero bravar el tabú en la oficina… uf, eso me pone a mil. Soy abierta, me flipa el riesgo, el subidón de que nos pillen con las bragas en la mano.

Esta vez, equipo pequeño, mixto. Denise, mi compi, mulata alta, curvas de infarto bajo su traje soso. Siempre tiesa, como si todo le diera asco. Pero yo veía su fragilidad, eh… esos ojos que pedían auxilio. No paramos de mirarnos esa semana. Entre dossiers, café, yo rozaba su brazo sin querer. ‘¿Todo bien?’, le soltaba. Ella, ‘sí… no sé’. El aire cargado, pesado.

La tensión sube entre papeles y miradas

Una noche, pasadas las once, solos en el edificio. Silencio roto solo por teclados. Entro en su despacho. ‘Estás jodida, ¿eh?’. Se quiebra. Lágrimas. ‘El novio… el curro… no aguanto’. Me acerco, la abrazo. Huele a perfume dulce, sudor nervioso. ‘Tranquila, guapa’. Mi mano en su nuca, suave. Ella tiembla. Nuestros ojos se clavan. Siento el calor entre piernas. Mis pezones duros contra la blusa.

‘¿Qué haces?’, murmura. Pero no se aparta. Le rozo la mejilla. ‘Solo consolarte’. Silencio. Su aliento rápido. El despacho se cierra, privado. Puerta entreabierta, pero el mundo fuera. Mi dedo en su labio. Ella lo chupa, leve. Corazón a mil. ‘Denise…’. Nos besamos. Su boca carnosa, lengua juguetona. Manos torpes, bajan camisas. Tetas firmes, oscuras. ‘Joder… qué ricas’, gimo.

Ya no hay vuelta atrás. La siento palpitar. Mi mano baja, roza su falda. ‘¿Quieres?’, pregunto. ‘Sí… pero calla’. La siento mojada ya. El espacio nuestro, prohibido. Adrenalina pura, oreja a la puerta.

El polvo brutal y el regreso al curro

La subo a la mesa. Papeles vuelan. Le arranco la blusa. Sus tetas enormes, pezones negros duros como piedras. Me lanzo, chupo una, muerdo suave. ‘Ahhh… María…’. Gime bajito. Mi lengua gira, saliva por todos lados. Le bajo la falda, braga empapada. Huele a coño caliente, poquito salado. La arranco. Su chocho depilado, labios hinchados, clítoris asomando.

‘Qué puta estás’, le digo. Me arrodillo. Lengua directa al clítoris. Lo lamo, chupo fuerte. ‘¡Dios!’. Se arquea, piernas abiertas. Mi dedo entra en su coño chorreante, resbaladizo. Dentro fuera, rápido. Ella agarra mi pelo, empuja. ‘Más… joder, más’. Le meto dos dedos, follo su antro. Boca en el clítoris, succiono. Sabe a miel salada. Grita ahogado. Su coño palpita, aprieta mis dedos.

La hago languidecer. Saco dedos, lamo labios mayores. Vuelvo al clítoris, lo pellizco con dientes. ‘¡Voy a correrme!’. No la dejo. La torturo, la pongo al borde. Luego, lengua profunda en su agujero, chupando jugos. Tres dedos ahora, follando duro. Mesa cruje. Ella se retuerce, uñas en madera. ‘¡Córrete, puta!’. Explota. Chorros en mi boca, cuerpo convulso. Gime como loca, ‘¡Síiii!’. La bebo toda, orgasmos en cadena hasta que cae hecha mierda.

La beso suave, limpio su coño con lengua. Ella jadea, ‘Eres una guarra…’. Sonreímos. Se baja, se viste temblando. ‘Venga, a currar’. Recogemos papeles. Yo al mío, ella al suyo. Como si nada. Pero el olor a sexo queda. Mañana, miradas cómplices. El curro sigue, pero ahora con secreto húmedo.

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