Trabajo en una oficina abierta, de esas con escritorios pegados y ruido constante de teclados. Cada día lo mismo: café negro, mails, reuniones aburridas. Pero él… Joder, él es el de ventas, el que siempre lleva esa camisa ajustada que marca el pecho. Llevamos semanas así, miradas cruzadas por encima de los dossiers. Sus ojos clavados en mis tetas cuando me levanto a por agua. Yo, fingiendo que no me doy cuenta, pero sintiendo el calor entre las piernas.
Hoy, viernes tarde, la oficina casi vacía. La mayoría ya se ha pirado al gym o a casa. Estamos solos en la planta. Él pasa por mi mesa, se para. ‘Ey, ¿vienes a revisar el informe? En mi despacho, rápido’. Su voz grave, como ronca. Dudo un segundo. ‘Vale… pero solo cinco minutos, eh’. Me levanto, falda lápiz subiendo un poco por los muslos. Camino detrás, oliendo su colonia mezclada con sudor del día. Cierro la puerta. Clic del pestillo. Ya no hay vuelta atrás.
La tensión entre los escritorios y las miradas
Se acerca, demasiado. ‘Sabes que te miro todo el puto día, ¿verdad?’. Asiento, mordiéndome el labio. Sus manos en mi cintura, bajando a mi culo. Aprieta fuerte. ‘Joder, qué prieto lo tienes’. Yo, temblando, pero cachonda perdida. Le beso primero, lengua dentro, saboreando su saliva. Manos en su polla, ya dura como piedra bajo los pantalones. ‘Quítatela’, gime él. La saco, grande, venosa, goteando pre-semen. La acaricio despacio, sintiendo el pulso.
Me empuja contra la mesa, sube mi falda. Bragas al suelo de un tirón. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta’. Gimo, arqueo la espalda. ‘Fóllame ya, no aguanto’. Se arrodilla, lengua en mi clítoris, lamiendo como loco. Chupa, muerde suave. Huele a mi excitación, a coño mojado. Meto dedos en su pelo, empujándolo más adentro. ‘Sí, así… come mi coño’. Grito bajito, por si alguien oye. La adrenalina me pone a mil, puertas finas, compañeros abajo.
El polvo brutal y el regreso al curro
Se levanta, polla en mano. Me gira, cara contra la mesa, culo en pompa. Escupe en mi entrada, empuja. Entra de golpe, dura, llenándome entera. ‘¡Hostia, qué apretada!’. Empieza a bombear, fuerte, salvaje. Plaf plaf contra mi piel. Siento cada vena rozando mis paredes, el glande golpeando fondo. ‘Más rápido, joder, rómpeme’. Él gruñe, manos en tetas, pellizcando pezones. Sudor goteando, olor a sexo crudo llenando el despacho. Cambio posición: yo encima, cabalgando en su silla. Polla hundiéndose profunda, mis jugos chorreando por sus huevos. ‘Me voy a correr…’. Él, ‘Aguanta, cabrona’. Me baja, me pone a cuatro. Follando como animales, mesa temblando.
Exploto primero, coño contrayéndose, chorros calientes. Él no para, acelera. ‘Me corro dentro, ¿eh?’. ‘Sí, lléname de leche’. Jet tras jet, caliente, pegajosa, saliendo por los bordes. Colapso sobre él, jadeando. Besos suaves ahora, lenguas lentas. Miramos el reloj. ‘Mierda, son las seis’. Limpiamos rápido: kleenex en mi coño rebosante, semen en su polla. Me visto, falda arrugada, bragas húmedas en bolso. Él se abrocha, sonrisa pícara. ‘Como si nada, ¿vale?’. Salimos por separado. Vuelvo a mi mesa, abro un mail. Él pasa, guiño. Oficina normal, pero mi coño palpita aún. Mañana, más miradas. Joder, qué vicio.