Mi polvo prohibido en la oficina: el jefe me folló como una puta

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo todo el día, pero ayer… uf, ayer fue la hostia. Mi jefe, ese tío de unos 45, moreno, con esa mirada que te desnuda, llevaba semanas mandándome mails raros. Anónimos al principio, diciéndome lo que me haría, cómo me pondría a cuatro y me reventaría el culo. Yo, tonta, respondía, excitada como una perra en celo. ‘¿Quién coño eres?’, le escribía, pero él solo más guarradas: ‘Tu coño mojado me vuelve loco, quiero lamerte hasta que grites’. Y yo, joder, me tocaba en el baño del curro, imaginándolo.

Hoy, fin de jornada, todos se van. Yo recogiendo dossiers, él pasa por mi mesa. ‘Quédate un rato, tenemos que revisar unos papeles’, me dice con esa voz grave. Sus ojos… dios, clavados en mis tetas bajo la blusa. Asiento, el corazón latiéndome fuerte. Entramos en la sala de reuniones, pequeña, con la mesa grande y persianas bajadas. Cierro la puerta, clic del pestillo. Ya estamos solos. Él se acerca, huele a colonia y sudor del día. ‘Sé que eres tú, cabrón, los mails’, le suelto temblando. Sonríe, malicioso. ‘¿Y qué si lo soy? Te has puesto cachonda, ¿verdad?’. Su mano roza mi culo por encima de la falda. Me estremezco, pezones duros como piedras. ‘Sí… joder, sí’, gimo. La tensión explota, aire cargado de sexo.

La tensión que ardía entre papeles y miradas

De repente, me empuja contra la mesa. ‘Quítate las bragas, puta’, ordena. Obedezco, falda arriba, coño al aire, ya empapado. Él se baja la cremallera, saca esa polla gorda, venosa, cabezota brillante de pre-semen. ‘Mírala, es para ti’. Me arrodillo, instinto puro. La cojo, caliente, late en mi mano. La lamo desde las huevos, salado, masculino. ‘¡Joder, qué buena mamada!’, gruñe. Me la meto en la boca, profunda, hasta la garganta, babeando. Él me agarra el pelo, folla mi cara. Lágrimas, arcadas, pero excitada perdida.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

Me pone de pie, me gira, falda sobre la cintura. ‘Abre las piernas’. Siento sus dedos en mi coño, resbaladizos. ‘Estás chorreando, zorra’. Dos dedos dentro, bombeando, pulgar en el clítoris. Gimo alto, mesa cruje. ‘Cállate o nos pillan’, susurra, pero mete la lengua en mi oreja. Luego, su polla contra mi entrada. Empuja, de un golpe, llena mi coño. ‘¡Ahhh!’, grito bajito. Me folla duro, placaplaca, huevos contra mi clítoris. Sudor gotea, olor a sexo impregna la sala. ‘Ahora el culo, como en los mails’, dice. Escupe en mi ano, dedo primero, luego dos. Duele un poco, pero rico. ‘Relájate’. Empuja la polla, lenta, ardor delicioso. ‘¡Coño, qué prieto!’. Una vez dentro, me revienta, profundo, salvaje. Yo me corro, coño contrayéndose, chorros en la mesa. Él acelera, gruñe, me llena el culo de leche caliente, palpitando.

Jadeamos, pegados. Saco su polla, semen chorrea por mis muslos. ‘Límpiala’, dice. La chupo, gusto nuestro jugo mezclado. Luego, rápido: bragas puestas, falda abajo, blusa planchada. Él se sube los pantalones, corbata recta. ‘Mañana más papeles’, guiña. Salimos, luces apagadas, oficina vacía. Compañeros llegarán en horas, ni idea. Yo a mi mesa, piernas temblando, coño y culo palpitando. Sonrío, secreto ardiente. Adrenalina pura, quiero más.

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