Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo todo el día con Marcos, el nuevo del departamento. Alto, musculoso, con esa mirada que te desnuda. Ayer, éramos los últimos, deadline apretado, solos en la sala de reuniones. ‘Pásame el dossier ese, Rosa’, dice él, rozándome la mano. Uff, su piel caliente. Le miro los labios, gruesos, y siento un cosquilleo abajo. ‘Aquí está… eh, Marcos’, balbuceo, cruzando las piernas porque ya noto la humedad.
Nos acercamos más, fingiendo revisar gráficos. Su rodilla toca la mía bajo la mesa. No la aparta. Yo tampoco. ‘Joder, qué calor hace aquí’, murmura, desabotonándose la camisa. Veo su pecho sudoroso, vello oscuro. Mi coño palpita. Le pongo la mano en el muslo, subo despacio. ‘Rosa, ¿qué haces?’, pero su voz ronca me delata. Sonrío, ‘Nada que no quieras tú’. Cierro la puerta con pestillo, corremos las cortinas a medias. El espacio se hace nuestro, íntimo, pero oímos voces lejanas en el pasillo. Adrenalina pura.
La tensión sube entre los escritorios
Sus ojos arden. Me besa brutal, lengua dentro, mordiendo mi labio. ‘Me vuelves loco desde el primer día’, gruñe. Le bajo el pantalón, su polla salta dura, gorda, venosa. ‘Hostia, qué pedazo’, digo lamiéndome los labios. Me arrodillo, la agarro, chupo la punta, salada de pre-semen. Él gime, ‘Sí, así, puta’. La meto entera, garganta profunda, babeo por los huevos. Me folla la boca, manos en mi pelo, empujando. ‘Para, o me corro’, jadea. Le paro, me pongo de pie, me subo la falda, quito las bragas. Mi coño depilado brilla mojado.
El clímax brutal y el regreso al curro
Me sube a la mesa, dossiers volando. Abre mis piernas, mete dos dedos, ‘Estás chorreando, zorra’. Los revuelve, clítoris hinchado. Gimo alto, ‘Fóllame ya, joder’. Su polla roza mi entrada, entra de golpe, llenándome. ‘¡Ahhh!’, grito, uñas en su espalda. Bombea fuerte, mesa cruje, papeles por el suelo. Sudor gotea, olor a sexo crudo. Cambiamos, yo encima, cabalgo salvaje, tetas rebotando. ‘Cógemelass’, ordeno. Él aprieta, pellizca pezones. Me corro primero, coño apretando su verga, chorros calientes. Él gruñe, ‘Me vengo’, y me inunda de leche caliente, chorros dentro.
Respiro agitada, él aún dentro, palpitando. Nos miramos, riendo bajito. ‘Casi nos pillan, ¿oyes los pasos?’, susurra. Salgo, semen escurre por muslos. Limpio rápido con kleenex, recojo papeles. Me bajo falda, él se sube pantalón, polla semi-dura marcando. ‘Venga, a currar como si nada’, digo guiñando. Volvemos a sentarnos, fingiendo revisar el informe. ‘Firma aquí’, digo seria, pero mi coño duele rico. Se va el jefe por megafonía, salimos normales. Nadie nota el rubor, el pelo revuelto. En metro, sonrío: mañana repetimos, el riesgo me enciende más.