Mi polvo prohibido en la oficina con el nuevo jefe

Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Esto me pasó hace nada, el jueves pasado, y aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en una oficina de seguros, papeleo hasta el culo todo el día, pero desde que llegó el nuevo jefe, Javier… uf, ese tío es puro fuego. Alto, con esa barba de tres días, y se nota que abajo lleva paquete. Al principio, solo miradas. Él en su despacho acristalado, yo en mi cubículo, pasando expedientes. Cada vez que le llevo un dossier, sus ojos se clavan en mis tetas, bajo la blusa ajustada. ‘Gracias, nena’, me dice con esa voz grave, y yo… me mojo. Sí, directamente. Siento el coño palpitando, las bragas pegadas.

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Ese jueves, fin de mes, estrés total. ‘Ven a mi despacho, tenemos que revisar estos números’, me manda por el chat interno. Entro, cierro la puerta… o semi-cierra, porque es de cristal, cualquiera puede ver siluetas. Nos sentamos lado a lado, él huele a colonia fuerte, macho. Sus piernas rozan las mías, accidental… ¿o no? ‘Mira esto’, dice señalando la pantalla, pero su mano cae en mi rodilla. Yo… dudo, miro la puerta. ‘Javier, aquí no…’, susurro, pero no me muevo. Él sonríe, sube la mano por mi falda. ‘Shh, solo un rato’. Sus dedos tocan el borde de las medias, luego la piel. Me recojo un poco, abro las piernas sin querer. El corazón me late a mil, oigo voces fuera, colegas pasando. Su aliento en mi cuello: ‘Estás empapada, puta’. Sí, lo estoy. Le cojo la mano, la meto bajo las bragas. ‘Tócame’, gimo bajito. Dedos gruesos frotando el clítoris, metiéndose en mi coño chorreante. Yo me muerdo el labio, agarro su polla por encima del pantalón. Dura como piedra, enorme. ‘Vamos a la sala de reuniones’, murmura él, ‘ahí sí cerramos con llave’.

La tensión entre los expedientes y las miradas

Cogidos de la mano, salimos como si nada, pero yo con la falda arrugada, él con la bragueta hinchada. La sala está al fondo, vacía. Cierro con pestillo, luces tenues. Nos comemos la boca, salvajes. Lenguas enredadas, saliva. Le bajo los pantalones: joder, qué polla. Gruesa, venosa, cabezona roja. ‘Mámala’, ordena. Me arrodillo, la chupo ansiosa. Glup, glup, hasta la garganta. Él gime: ‘Así, zorra, trágatela toda’. Me folla la boca, sujetándome el pelo. Luego me pone contra la mesa, sube la falda, arranca las bragas. ‘Mira cómo chorreas por mí’. Dos dedos dentro, bombeando fuerte. Yo gimo: ‘Fóllame ya, por favor…’. Me penetra de un empujón. ¡Ay, Dios! Llena mi coño hasta el fondo, me parte en dos. Empieza a bombear, brutal. Paff, paff, contra mi culo. Tetazas saltando, yo arañando la mesa. ‘Más fuerte, joder, rómpeme’. Él me agarra las caderas, me taladra. Cambio: me tumba en la mesa, piernas en sus hombros. Polla entrando y saliendo, chapoteando en mi jugo. ‘Tu coño es una puta gloria’, gruñe. Yo reviento: ‘Me corro… ¡ahhh!’. Chorros calientes, tiemblo entera. Él no para, me da la vuelta, levretita. ‘Ahora tu culo’. Unta saliva, empuja el glande. Duele rico, entra despacio. ‘¡Sí, sodomízame!’. Me folla el ojete, profundo. Yo me masturbo el clítoris, otra corrida. Él acelera: ‘Me vengo…’. Chorros dentro, semen caliente llenándome.

Sudados, jadeando. Miramos el reloj: media hora. ‘Vístete rápido’, dice riendo. Me pongo las bragas rotas, falda lisa. Él se sube los pantalones, polla aún semi-dura. Abrimos, volvemos a nuestros sitios como si nada. Yo con el coño ardiendo, semen goteando. Él me guiña ojo desde su despacho. El resto del día, normalidad: reuniones, cafés. Pero cada mirada… fuego. Nadie sospechó. Salí temblando, aún oliendo a sexo. Mañana, ¿repetimos? Ay, la adrenalina… no vivo sin esto.

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