Uf, no sabes lo que me pasó ayer en la oficina. Yo, María, la secretaria que parece tan formal, pero que se muere por el riesgo. Trabajando hasta tarde con Javier, mi jefe, y Miguel, el del marketing. Estábamos revisando unos informes en la sala de reuniones. Las luces bajas, el edificio casi vacío. Javier me mira de reojo mientras hojea los dossiers. Sus ojos bajan a mis tetas, apretadas en la blusa. Siento el calor subiendo. ‘María, ¿estás bien? Te noto… agitada’, dice con esa voz grave. Yo sonrío, cruzo las piernas, mi falda sube un poco. Miguel se ríe bajito, ‘Es el estrés del curro, ¿no?’. Le lanzo una mirada coqueta, mordiéndome el labio. El aire se carga. Javier cierra la puerta con llave, ‘Mejor privacidad para concentrarnos’. Mi corazón late fuerte. Siento mi coño humedeciéndose ya. Nos acercamos, rozándonos. Sus manos en mis hombros, bajando despacio. ‘Joder, María, siempre me has puesto cachondo’, murmura Javier. Miguel asiente, su polla ya marcando en los pantalones. El espacio se hace íntimo, solo nosotros tres, el olor a café y sudor mezclado.