Mi follada prohibida en el archivo con el hijo del jefe

Trabajo en una oficina de contabilidad, ya sabes, papeles por todos lados, jefes estirados y ese rollo de nueve a cinco. Conocí a Mustapha hace años, el jefe egipcio, super culto, siempre con esa barba de tres días y sonrisa que te desarma. Su hijo Omar era un crío entonces, pero ahora… uf, un tío alto, moreno, con ojos que te follan antes de tocarte. Viene de becario, pero se nota que sabe lo que hace.

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Hoy estábamos revisando expedientes viejos en el archivo del sótano. Espacio de mierda, estrecho, con estanterías hasta el techo, luz tenue y ese olor a polvo y humedad que te pone la piel de gallina. Mustapha iba delante explicando fechas y números, yo en medio con mi falda lápiz y blusa ajustada, sudando un poco por el bochorno. Jacques, mi compañero y pareja, justo delante de mí. Omar cerraba, y joder, cada vez que paraba para respirar, se pegaba a mi espalda. ‘Toma agua’, me dice pasándome la botella, su mano rozando la mía, caliente, firme. Me da un escalofrío.

La tensión subiendo entre papeles y roces

Subiendo por unas escaleras de metal inestables, me agarra la cintura. ‘Cuidado’, susurra, y su aliento en mi cuello… ay. Luego me seca el sudor del escote con un pañuelo, su dedo rozando el borde del sujetador. Me quedo tiesa, el corazón a mil. No pasa nada, pienso, pero mi coño ya palpita. Arriba, en la sala principal, Mustapha se lía con los viejos contables explicando gráficos. Omar nos dice a Jacques y a mí: ‘Venid, os enseño algo privado’. Nos metemos en un pasillo lateral, oscuro, solo para personal. Paredes con dibujos antiguos de la empresa, pero yo solo veo sus ojos clavados en mí.

Jacques se para admirando un cartel. Omar me guía más adentro, su cuerpo pegado al mío. ‘Mira esto’, dice señalando un mural con símbolos raros. Su mano en la mía, trazando líneas. Siento su polla dura contra mi culo. ‘Los egipcios… sabían de fertilidad’, murmura, guiando mi dedo por una figura con verga erecta. Mi piel arde, pezones duros. Se pega más, yo no me muevo. En una salita minúscula, solo para él, cierra la puerta con pestillo. Luz de linterna en su móvil. ‘Aquí nadie viene’, dice, y me besa el cuello.

El polvo brutal y el regreso al curro

Sus manos suben a mis tetas, desabrocha la blusa. ‘Joder, qué ganas’, gime. Yo… bueno, le dejo. Me baja la cremallera de la falda, mete la mano en mi tanga. ‘Estás empapada’, dice riendo bajito. Me hace chupar mi propio dedo y lo guía a mi clítoris. ‘Tócate para mí’. Me masturbo mientras él me aprieta las tetas, su polla frotándome el culo por encima del pantalón. Me corro rápido, mordiéndome el labio para no gritar. Él se gira, saca la verga: circuncidada, gorda, venosa. ‘Chúpala’, ordena. Me arrodillo, se la mamao profunda, bolas en la boca. Él gime, ‘Sí, así, puta buena’.

Me pone contra la pared, me arranca el tanga. ‘Te voy a follar como una perra’. Me penetra de golpe, su polla llenándome el coño hasta el fondo. ‘¡Ay, coño!’, grito bajito. Me embiste fuerte, manos en mis caderas, tirándome de los pezones. ‘Más duro’, le pido, y acelera. Siento cada vena rozándome dentro, sudados, el olor a sexo invadiendo todo. Cambio a cuatro patas, él me monta salvaje, dedo en mi culo. ‘Quieres por detrás, ¿eh?’. Le digo que sí, jadeando. Me escupe, mete dedos, luego la punta. Duele al principio, pero joder, qué placer. Entra entero, me folla el culo profundo mientras me toca el clítoris. Me corro gritando, él eyacula dentro, leche caliente llenándome.

Otra ronda: me come el coño, lengua experta, luego me sube encima. Cabalgo su polla dura de nuevo, tetas en su cara. ‘Córrete en mi boca’, le digo al final, tragándome todo. Sudados, temblando. ‘Vístete rápido’, dice riendo. Salimos como si nada, caras rojas. Jacques nos ve, guiña ojo. Vuelvo al escritorio, piernas flojas, coño y culo palpitando. Mustapha pregunta por los papeles, yo sonrío: ‘Todo perfecto’. Adrenalina pura, oliendo a semen disimulado. Mañana más, pienso.

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