Follada prohibida en la oficina: mi polvo con la polla enorme del compañero

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Soy Laura, trabajo en una oficina de marketing aquí en Madrid. Tengo 35 tacos, morena, tetas firmes y un culo que vuelve locos a los tíos. Adoro el riesgo, esa adrenalina de follar donde no debo. Sobre todo en el curro, con el miedo a que nos pillen.

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Era viernes tarde, casi todos se habían pirado. Solo quedábamos Pablo y yo en la sala de reuniones, apilando expedientes para el lunes. Él es el comercial estrella, casado con una tipa de contabilidad dos plantas abajo. Alto, fornido, con esa sonrisa pícara. Siempre me mira el escote, y yo le devuelvo la jugada rozando mi rodilla contra la suya.

La tensión sube entre expedientes y miradas

‘Joder, qué montón de papeles’, digo, inclinándome para que vea bien mis tetas apretadas en la blusa. Él traga saliva. ‘Sí, Laura… pero con vistas así, se pasa volando’. Nuestras manos se rozan al coger un dossier. Chispa eléctrica. El aire se pone denso, caliente. ‘Cerramos la puerta? Para… concentrarnos’, propone él, voz ronca. Clic del pestillo. Ya estamos solos, privados. El corazón me late fuerte.

Nos sentamos en el sofá cutre de la sala. ‘Para relajar, jugamos a retos. Papelitos en un bol’, digo improvisando. Él ríe: ‘Vale, pero no me arrepiento eh’. Escribo primero: ‘quítate la camisa’. Se la saca, torso peludo y musculoso. Mío: ‘bésame el cuello’. Sus labios calientes, mordisquito. Uff. Luego él: ‘pierde el sujetador’. Lo desabrocho, tetas al aire. Pezones duros. ‘Joder, qué pechones’, murmura.

La cosa sube. Yo tiro papel: ‘quítate todo’. Polla semi-dura asomando del bóxer. ¡Madre mía, qué pedazo! Gruesa como mi muñeca, venosa. Él: ‘Tu turno, preciosa’. Me quedo en bragas, coño depilado palpitando. Miradas hambrientas. ‘Otro’, digo. Saco: ‘simula un 69 conmigo’.

Se tumba en el sofá, polla tiesa ya. Me subo encima, a cuatro patas. Mi coño chorreante a centímetros de su boca. Huelo su verga, salada, masculina. ‘Solo simular, eh Pablo…’, digo temblando. Él: ‘Claro… uff’. Agarro esa polla monstruosa, piel suave sobre hierro. La chupo de un tirón, glotón glotón. Glande gordo llenándome la boca, lengua en el frenillo. Él gime: ‘¡Hostia, Laura!’. Me lame el coño, lengua plana lamiendo labios, clítoris hinchado. Babas por todas partes.

El sexo crudo e intenso sin filtros

No aguanto. Le meto la polla hasta la garganta, arcadas ricas. Él me come el chocho como loco, dos dedos dentro revolviendo. ‘¡Mmmph!’, gimo con la boca llena. Mi jugo le chorrea por la barba. Cambio de postura. Me pone contra el escritorio, piernas abiertas. ‘Te voy a follar ese coñito apretado’, gruñe. Empuja: ¡zas! Polla enorme abriéndome en canal. Duele rico, me parto. ‘¡Ay sí, métemela toda, cabrón!’.

Me taladra brutal, pelotas golpeando mi culo. Tetazas botando. Sudor pegándonos. ‘¡Qué coño más rico, joder! Tan liso, tan mojado’. Le araño la espalda, uñas clavadas. Él me aprieta las nalgas, polla hinchándose más. Cambio: yo encima, cabalgando esa verga bestial. Subo bajo, clítoris frotando. ‘¡Me corro, Pablo! ¡Aaaah!’. Explosión, coño convulsionando ordeñándole la polla. Él resiste, me voltea a lo perrito. ‘Ahora te lleno, puta de oficina’. Embestidas salvajes, escritorio crujiendo. ‘¡Córrete dentro, dame tu leche!’.

Ruge, polla palpita, me inunda de porra caliente, rebosando por mis muslos. Colapso jadeando. Besos sudorosos. ‘Eres una viciosa’, susurra.

Minutos después, nos vestimos a toda prisa. Blusa arrugada, falda torcida. Limpiamos el desastre con kleenex. ‘Bueno… los expedientes’, digo fingiendo normalidad. Él ríe bajito: ‘Sí, y el lunes como si nada’. Salimos, luces apagadas. Adrenalina pura, coño aún palpitando. Mañana, miradas cómplices en la máquina de café. Nadie sospecha. Pero yo ya quiero repetir.

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