Follada salvaje en la oficina: Mi secreto con el compañero de al lado

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Trabajo en esta oficina cutre de marketing, rodeada de mesas y papeles por todos lados. Llevo meses echando un ojo a Javier, el tío que está en el cubículo de al lado. Alto, con esa barba de tres días que me pone… Cada vez que pasa con sus informes, nuestras miradas se cruzan. Un guiño, una sonrisa pícara. ‘¿Todo bien con los datos?’, me dice, pero sus ojos van directos a mis tetas bajo la blusa ajustada.

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Hoy ha sido el día. Mañana de reuniones eternas, el jefe fuera. Estamos solos en la planta. Él se acerca a mi mesa, ‘Oye, María, ¿me ayudas con este dossier? Es un lío’. Le sigo al archivo del fondo, ese cuartucho polvoriento con estanterías hasta el techo. Cierro la puerta, el clic del pestillo suena como un disparo. El corazón me late fuerte. ‘Ven aquí’, murmura, y me empotra contra la pared. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Joder, Javier, ¿y si alguien entra?’, digo yo, pero ya le estoy besando el cuello, oliendo su colonia mezclada con sudor.

La tensión entre papeles y miradas

Sus labios en los míos, lengua dentro, salvaje. Me sube la falda, falda lápiz que se arruga. Dedos por dentro de las bragas, rozando mi coño ya mojado. ‘Estás empapada, puta’, me suelta al oído, y yo gimo bajito. Le bajo la cremallera, saco esa polla gruesa, venosa, tiesa como una barra. La aprieto, masturbo rápido. Él jadea, ‘Mámame, venga’. Me arrodillo en el suelo sucio, boca abierta, chupando la cabeza, lengua alrededor. Sabe a hombre, salado. La meto hasta la garganta, tosiendo un poco, pero sigo, babas cayendo.

Me pone de pie, me gira, bragas a los tobillos. ‘Abre las piernas’, ordena. Siento la punta en mi entrada, resbaladiza. Empuja de golpe, toda la polla dentro, llenándome el coño hasta el fondo. ‘¡Ahhh, joder!’, grito suave, mordiéndome el labio. Me folla fuerte, cachetazos en el culo, sonido de carne contra carne. El escritorio tiembla, papeles volando. Yo me agarro al borde, tetas fuera del sujetador, pezones duros rozando la madera fría. ‘Más rápido, cabrón, rómpeme’, le pido, perdida. Él gruñe, mano en mi pelo, tirando. Cambiamos, yo encima, cabalgando esa verga gorda, coño tragándosela entera. Sudor por todos lados, olor a sexo puro.

El polvo brutal y el regreso a la rutina

Me corro primero, temblores, chorros mojando sus huevos. ‘¡Sí, así, puta caliente!’, dice él, y me clava más hondo. Siento sus contracciones, leche caliente llenándome, goteando por mis muslos. Nos quedamos jadeando, pegados, polla aún dentro palpitando. ‘Hostia, ha sido brutal’, dice riendo bajito. Yo asiento, besándole. Pero oímos pasos fuera. Rápido, nos arreglamos. Falda abajo, polla guardada, bragas en el bolsillo. Abro la puerta, cara de póker. ‘Ya hemos acabado con el dossier’, digo al compañero que pasa. Javier sale detrás, guiño disimulado.

Volvemos a nuestras mesas como si nada. Yo sentada, coño palpitando, semen resbalando en la silla. Él teclea, pero nos miramos de reojo. Adrenalina pura, el miedo a ser pillados me pone aún más. Mañana, más. Esto no para aquí.

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