Follada salvaje en la oficina: el subidón de casi ser pillada

Uf, acabo de salir de la oficina y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una gestoría cutre, papeleo todo el día, pero hoy… hoy ha sido la hostia. Luis, mi jefe, ese cabrón de 40 tacos con ojos de lobo. Llevamos semanas con esta electricidad. Él revisando expedientes a mi lado, yo sintiendo su aliento en el cuello. ‘Marta, ¿me pasas el dossier de Ruiz?’, dice, pero su mano roza la mía adrede. Me mojo solo con eso. Miro alrededor, compañeros tecleando, el jefe grande en su despacho. Nadie nota nada. O eso creo.

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Phrases courtes, el corazón me late fuerte. Me levanto a por café, él me sigue con la mirada. Vuelve, se sienta más cerca. ‘Estás distraída hoy, ¿eh?’, susurra. Niego con la cabeza, pero mis pezones se marcan bajo la blusa. El olor a tinta y café se mezcla con su colonia fuerte. Siento el calor entre las piernas. ‘Ven a mi despacho, hay que revisar unos números’, dice. Asiento, tragando saliva. Cierro la puerta detrás de mí. Clic. El espacio se hace íntimo de golpe. Solo nosotros, el escritorio lleno de papeles, la persiana bajada a medias. Luz tenue. Se acerca, me pone contra la pared. ‘Sabes que te como con los ojos todo el día’, murmura. Yo… yo solo gimo bajito. Sus manos en mi culo, apretando. Falta poco para que alguien llame.

La tensión entre expedientes y miradas calientes

Me sube la falda despacio, falda lápiz negra que se arruga. ‘Estás empapada, puta’, dice riendo suave. Sí, mi tanga está chorreando. Me la baja de un tirón, rodillas al suelo. Su polla ya dura, gorda, saliendo del pantalón. La huelo, a hombre, a sudor del día. ‘Chúpamela, rápido’, ordena. Abro la boca, la meto hasta la garganta. Glups, glups, saliva por todos lados. Él agarra mi pelo, folla mi boca. ‘Joder, qué buena garganta tienes’. Gimo con la polla dentro, vibrando. Riesgo total, oigo voces fuera. Alguien pasa. Adrenalina pura, coño palpitando.

El polvo intenso y el regreso fingiendo normalidad

Me pone de pie, me gira, cara contra el escritorio. Papeles volando. ‘Abre las piernas’. Obedezco. Siento su lengua en mi coño, lamiendo clítoris, chupando jugos. ‘Estás como una perra en celo’, dice. Gimo, muerdo mi labio. Luego, su polla cabezona empujando. Entra de un golpe, ¡ahhh! Llenándome entera. ‘¡Qué coño más apretado!’, gruñe. Empieza a bombear, duro, rápido. Plaf, plaf, contra mi culo. Yo empujo hacia atrás, queriendo más. ‘Fóllame fuerte, Luis, joder’. Sudor goteando, olor a sexo invadiendo el despacho. Sus huevos golpeando mi clítoris. Me corro primero, temblando, coño contrayéndose alrededor de su verga. ‘¡Sí, córrete, zorra!’. Él acelera, polla hinchada. ‘Me voy a correr dentro’. ‘¡Hazlo, lléname de leche!’. Eyacula, chorros calientes, profundo. Gruñe bajito, mordiéndome el hombro.

Uf… nos quedamos jadeando. Saco su polla, semen chorreando por mis muslos. Rápido, papel higiénico del cajón. Me limpio, tanga arriba, falda abajo. Él se sube el pantalón, polla aún medio dura. ‘Vuelve al trabajo, como si nada’, dice con guiño. Abro la puerta, sonrojo fingido. Compañeros miran: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, solo unos números’. Luis sale detrás, cara de póker. Yo tecleo, coño lleno de su corrida, sintiendo cada movimiento. Adrenalina bajando, pero sonrisa pícara. Mañana… ¿repetimos? Joder, el curro nunca fue tan excitante.

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