Ay, chicas, no os lo vais a creer. Ayer en la oficina, trabajando hasta tarde con mi jefe, Pablo. El sitio vacío, solo el zumbido de los fluorescentes y el olor a café rancio. Estábamos revisando expedientes en mi despacho pequeño, el de atrás, con la puerta entreabierta. Él, con esa camisa ajustada marcando pecho, yo en falda lápiz que se sube sola.
Al principio, todo normal. ‘Mira este informe, María’, dice él, inclinándose sobre mi hombro. Su aliento caliente en mi cuello, huelo su colonia mezclada con sudor. Nuestras manos se rozan al pasar páginas. ‘Eh… perdón’, murmuro, pero no aparto la mía. Levanto la vista, sus ojos fijos en mis tetas, que asoman por la blusa desabotonada. Siento un cosquilleo en el coño, ya húmeda.
La tensión sube entre carpetas y miradas calientes
Se acerca más, su pierna roza la mía bajo la mesa. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, dice con voz ronca. Asiento, mordiéndome el labio. Cierro la puerta con un clic, el corazón me late fuerte. Ahora somos solo nosotros, privados. Me giro en la silla, nuestras rodillas se tocan. ‘Pablo, esto… es peligroso’, susurro, pero mis manos ya van a su cinturón. Él sonríe, malicioso. ‘Shh, solo un rato’. El espacio se achica, aire cargado de deseo. Su mano sube por mi muslo, bajo la falda, dedos ásperos en mi piel suave. Jadeo bajito, el riesgo de que entre alguien… uf, me pone a mil.
De repente, me agarra la nuca y me besa, lengua dentro, salvaje. ‘Joder, María, llevo semanas queriendo esto’, gruñe. Le bajo el pantalón, su polla salta dura, gorda, venosa. La cojo, masturbo lenta, siente el pulso. ‘Mira lo que me haces’, dice. Me pone de pie, me sube la falda, arranca el tanga. ‘Sin preliminares, fóllame ya’, le pido, voz temblorosa. Me empotra contra el escritorio, papeles vuelan. Su polla roza mi coño empapado, entra de un empujón, ¡ahhh! Llena, estira mis paredes. ‘¡Qué apretada estás!’, gime, clavándome los dedos en las caderas.
El polvo brutal y el riesgo de ser descubiertos
Empieza a bombear, fuerte, brutal. Plaf, plaf, el escritorio tiembla. Siento cada vena frotando mi clítoris, jugos chorreando por mis muslos. ‘Más duro, joder, rómpeme el coño’, suplico, arqueando la espalda. Él me tapa la boca, ‘Calla, que nos oyen’. Pero gime él también, sudor goteando en mis tetas. Le desabrocho la blusa, chupo un pezón duro mientras me taladra. Cambio, me gira, culazo al aire. ‘Qué rico culo’, dice, escupe en mi ano, mete un dedo. Luego polla de nuevo en coño, mano en mi clítoris frotando rápido. ‘Me corro… ¡ahhh!’, exploto, piernas temblando, coño contrayéndose alrededor de su verga.
Él acelera, ‘Toma mi leche’, gruñe. Saca, me da la vuelta, me arrodillo. Leche caliente chorrea en mi cara, boca, tetas. Trago lo que puedo, salado, espeso. Jadeamos, olor a sexo fuerte, mezclado con tinta de impresora. Limpio con lengua su polla blanda, chupando restos. ‘Joder, ha sido brutal’, dice riendo bajito.
Nos vestimos rápido, corrijo falda, él pantalón. Recogemos papeles del suelo, nos sentamos como si nada. ‘Vale, sigamos con los informes’, digo, voz normal, aunque coño palpita aún. Él asiente, profesional. ‘Sí, este no cuadra’. Puerta abierta de nuevo, volvemos al curro. Adrenalina pura, sonrisa secreta. Mañana, mismo rollo, pero ahora sé su polla de memoria.