Follada Salvaje en la Oficina: Mi Secreto con el Jefe y el Compañero

Ay, chicas, no os lo vais a creer. Soy Laura, trabajo de secretaria ejecutiva en una oficina del centro de Madrid. Mi jefe, Carlos, un tío de unos cuarenta, casado, con pinta de pijo inglés pero con sangre caliente. Y Pablo, el chico de mantenimiento, grandote, callado, con una polla que se intuye enorme bajo el mono. El otro lunes, el instituto de masajes de Carlos estaba cerrado por obras, como siempre pasa en esta ciudad de mierda. Vino temprano, improvisado, con la cara de frustración que pone cuando no descarga.

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Estábamos en la sala de reuniones, revisando expedientes. Sus ojos se clavaban en mis tetas mientras pasaba las páginas. ‘Laura, acércate más’, me dice, voz ronca. Me roza el brazo al señalar un gráfico, y siento su calor. El aire se carga, ¿sabéis? Ese cosquilleo en la piel, el corazón latiendo fuerte. ‘Jefe, ¿estás bien? Pareces… tenso’, le suelto, mordiéndome el labio. Él sonríe, malicioso. ‘Tú sabes lo que necesito’. Pablo entra a arreglar el proyector, nos pilla el momento, pero no dice nada. Sus miradas se cruzan, y yo… uf, me mojo ya.

La tensión entre los expedientes y las miradas

Cierro la puerta de mi despacho contiguo. ‘Venid’, les digo bajito, con esa adrenalina de puta loca que me pone. El espacio se hace privado, persianas bajadas, solo el zumbido del aire acondicionado. Carlos me agarra por la cintura, me besa el cuello, mordisquea. ‘Eres una guarra, Laura, provocándome todo el día’. Sus manos suben por mi falda, rozan mis bragas empapadas. Pablo nos mira, polla ya dura marcando el mono. ‘Desnúdate, puta’, ordena Carlos. Me bajo la blusa, tetas al aire, pezones duros como piedras. Él me da la vuelta, levanta la falda. ‘Mira este culo, Pablo. Dale con la regla’.

Pablo obedece, la regla silba en el aire. ¡Zas! El primer azote quema, dejo un gemido ahogado. ‘¡Ay, joder!’. Otro, y otro, mi culo se pone rojo, marcas cruzadas, piel ardiendo. Cada golpe me hace arquearme, coño chorreando. Carlos se baja los pantalones, su polla tiesa, gorda, venosa. Se la menea despacio. ‘Chúpala, zorra’. Me arrodillo, la meto en la boca, saliva goteando, chupando profundo hasta la garganta. Gime, ‘Así, cabrona’. Pablo saca la suya, ¡madre mía, enorme, morada, palpitante! Carlos la agarra, la masturba un poco, ‘Venga, pruébala’. Yo la embucho, alternando, lengüetazos en los huevos, mamando como loca.

El polvo brutal y el regreso al curro

‘Ponte a cuatro, ahora te follo el culo’. Me echo sobre el escritorio, papeles volando, abro las nalgas. Carlos escupe en mi ojete, empuja su polla. Duele al principio, ¡uf!, pero luego… placer puro. Me taladra, fuerte, profundo, ‘¡Toma, puta de oficina!’. Pablo se pone delante, me la mete en la boca para callarme los gritos. Pollas entrando y saliendo, sudor, olor a sexo. Cambio: Pablo en mi culo, enorme, me parte en dos. ‘¡Joder, qué prieto!’. Carlos en la boca, follándome la cara. Me corro primero, temblando, coño vacío pero palpitando. Ellos aguantan, gruñendo. Pablo explota dentro, caliente, llenándome. Carlos saca y me pinta la cara de lefa espesa.

Uf… jadeando, nos miramos. ‘Limpia esto, Laura’, dice Carlos, riendo. Me limpio rápido con toallitas, me visto, falda arrugada, maquillaje corrido. Pablo se sube el mono, ‘Gracias, jefa’. Carlos ajusta corbata, ‘Volvemos al curro, como si nada’. Abro la puerta, volvemos a las mesas. Él dicta correos, yo tecleo, culo ardiendo en la silla, sonrisa pícara. Nadie nota nada, pero yo… revivo cada embestida. Mañana, ¿repetimos? Esa adrenalina, chicas, es lo mejor del trabajo.

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