Follada en la oficina: Mi noche loca con el comercial en la sala de reuniones

Uf, acabo de salir de la oficina y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en marketing, en un edificio enorme en Madrid, lleno de cubículos y reuniones eternas. Hoy fue el colmo. Llevábamos semanas con este proyecto, yo y Javier, el comercial nuevo. Alto, moreno, con esa sonrisa que te calienta la entrepierna. Desde el primer día, nos comíamos con los ojos por encima de los dossiers. ‘Mira esto, Andrea’, me decía pasándome papeles, rozándome la mano a propósito. Yo sentía el calor subiendo, el coño humedeciéndose bajo la falda.

Era viernes tarde, todos se iban. ‘¿Quedamos a revisar el informe?’, me propuso con voz ronca. Asentí, el pulso acelerado. Cerramos la puerta de la sala de reuniones, el último piso, desierto. Las luces tenues, el olor a café viejo y papel. Nos sentamos cerca, demasiado. Nuestras rodillas se tocaron. ‘Joder, Javier, no pares de mirarme así’, le dije riendo nerviosa. Él se acercó, su aliento en mi cuello. ‘No puedo, estás buenísima con esa blusa’. Sus dedos subieron por mi muslo, bajo la falda. Yo gemí bajito, abrí las piernas un poco. El riesgo… si alguien entraba… eso me ponía a mil.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

Sus labios en los míos, beso salvaje, lenguas enredadas. Manos por todas partes. Me levantó la falda, palpó mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’, murmuró. Yo le desabroché el pantalón, saqué su polla dura, gruesa, palpitante. ‘Métemela ya’, le supliqué. Pero él me empujó contra la mesa, me abrió de piernas. Lamidas en el cuello, mordiscos. El corazón me latía en el coño.

La sala era nuestra cárcel privada. Ventanas tintadas, pero el eco de nuestros jadeos… uf. Me bajó las bragas, metió dos dedos en mi coño resbaladizo. ‘Qué apretada estás’, gruñó. Yo me arqueé, clavándole las uñas. ‘Fóllame, joder, no aguanto’. Él se rio, me giró, culito al aire sobre la mesa. Papeles volando. Su polla rozó mi entrada, glande goteando. Entró de un empujón, llenándome entera. ‘¡Ahhh, sííí!’, grité ahogando el sonido.

El polvo brutal en la sala privada

Me taladraba sin piedad, polla entrando y saliendo, coño chupándolo. ‘Tu coño es una puta gloria’, jadeaba él, azotándome el culo. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más profundo. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo en la silla. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Córrete, zorra’, me ordenó. Y exploté, coño contrayéndose, chorros mojándolo todo. Él no paraba, follándome duro. ‘Me voy a correr… ¿dónde?’, preguntó entre dientes. ‘En mi boca’, gemí. Me arrodillé, mamada profunda, lengua en el glande. Tragándome todo, salado, caliente.

Otro round: contra la pared, piernas enroscadas. Polla en mi culo esta vez, lubricado con mi propio jugo. ‘¡Joder, qué estrecho!’, rugió. Dolor-placer, grititos míos. Me corrí dos veces más, temblando. Él eyaculó dentro, sin condón, caliente llenándome. Riesgo total, pero qué subidón.

Al final, jadeantes, sudorosos. ‘Mierda, son las ocho’, dijo él mirando el reloj. Nos vestimos a prisa, limpiando con kleenex la mesa pegajosa. Olor a polvos en el aire. ‘Como si nada’, le dije guiñando. Bajamos en el ascensor, sonrisas inocentes. Mañana lunes, reunión normal. Pero yo sé… su mirada me quema aún. Adiós, hasta la próxima prohibición.

Leave a Comment