Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho papeleo. Soy María, 32 años, abierta como el primer día. Me encanta el riesgo, el subidón de que nos pillen. Hoy os cuento lo de anoche… Éramos tres: yo, Carlos, mi compañero de al lado, alto, con esa mirada que quema, y Ana, la nueva del marketing, con curvas que no se pueden ignorar.
Estábamos hasta tarde, archivando dossiers en la sala de reuniones. Luces tenues, aire acondicionado zumbando. Carlos me rozaba el brazo al pasar carpetas, ‘disculpa, María…’, pero sus ojos decían otra cosa. Ana se reía de todo, cruzaba las piernas dejando ver el borde de las medias. Yo llevaba falda corta, blusa ajustada, sin sujetador. Sentía los pezones duros contra la tela.
La tensión sube entre los escritorios
Nos sentamos en la mesa larga. Charla tonta sobre el curro, pero las miradas… Uf. Carlos pone la mano en mi rodilla, ‘calor que hace, ¿no?’. Yo no la quito. Ana se acerca, ‘yo también sudo’, y su pie roza el mío bajo la mesa. El corazón me late fuerte. ‘Chicos, esto… es peligroso’, digo riendo nerviosa. Pero abro un poco las piernas. Su mano sube, roza la liga. Ana me mira, mordiéndose el labio. ‘¿Seguimos?’, pregunta Carlos. Asiento, la puerta ya cerrada con pestillo.
El espacio se hace íntimo. Apagamos luces principales, solo la lámpara de mesa. Carlos me besa el cuello, huele a colonia fuerte. Ana desabrocha mi blusa, ‘qué tetas tan ricas’. Sus labios en mi piel, lengua suave. Yo gimo bajito, ‘shhh, que oigan…’. Pero eso me pone más. Manos por todos lados: Carlos en mi coño por encima de la braguita, ya empapada. ‘Joder, María, estás chorreando’. Ana me quita la falda, dedos en mis muslos.
Ya no hay vuelta atrás. Me subo a la mesa, piernas abiertas. Carlos baja mi tanga, ‘mira qué coño tan mojado’. Me lame despacio, lengua en el clítoris, chupando fuerte. ‘¡Ay, sí, no pares!’. Ana se desnuda, tetas perfectas, se pone a cuatro sobre la mesa. Yo le meto dedos en su chochito rasurado, resbaladizo. Carlos se baja los pantalones, polla gruesa, venosa. ‘Chúpamela’, dice. La cojo, dura como piedra, la mamó profunda, saliva goteando.
El polvo brutal en la sala cerrada
Ana se une, lamemos su polla juntos, lenguas enredadas. Él gime, ‘putas, me vais a hacer correr’. La tumba a Ana, le abre las piernas, ‘te voy a follar duro’. Entra de un empujón, plaf, ella grita ‘¡joder, qué polla!’. Yo me siento en su cara, ‘lámeme el culo’. Su lengua en mi ojete, circular, húmeda. Carlos la taladra, couilles golpeando. Cambio: me pone a mí a cuatro, ‘ahora tú, zorra’. Siento la cabeza en mi entrada, empuja, me llena entera. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón!’. Me agarra las caderas, embiste salvaje, mesa cruje.
Ana debajo, chupándome el clítoris mientras él me revienta el coño. ‘¡Me corro, me corro!’, grito ahogada. Él no para, saca, mete dedos en mi culo, dos, tres. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, métemela en el culo’. Condón rápido, lubricante de su bolsillo. Empuja lento, duele rico, ‘despacio… uf, sí’. Entra toda, me folla el ojete, Ana lamiendo mi coño. Sensación brutal, llena por todos lados. Cambio posiciones: yo cabalgo a Carlos, polla en coño, Ana en mi cara. Él me pellizca tetas, ‘venga, muévete’. Me corro otra vez, contracciones fuertes.
Él gruñe, ‘me vengo’, saca y nos chorrea en tetas, leche caliente, espesa. Ana se masturba, se corre gimiendo. Sudor, olor a sexo por toda la sala. Nos miramos, riendo bajito. ‘Joder, qué pasada’.
Minutos después, limpiamos rápido: toallitas húmedas, ropa puesta. ‘Como si nada’, dice Carlos guiñando. Volvemos a nuestros sitios, dossiers en mano. ‘Mañana más’, susurra Ana. Nadie nota nada, pero yo siento el coño palpitando aún. Adrenalina total, quiero más.