Acabo de llegar a esta oficina en Montpellier, nueva en la ciudad, nueva en el curro. Soy yo, Carmen, con mis curvas generosas, pelo negro largo y ojos verdes que vuelven locos. Pero los tíos aquí solo buscan un polvo rápido, y yo… joder, yo adoro el riesgo, el morbo de lo prohibido en el trabajo. Esa adrenalina de que nos pillen…
Pablo, mi jefe, 35 años, alto, fuerte pero no un armario, pelo castaño, ojos color avellana que ríen. Seductor total. Desde el primer día, nos comemos con la mirada mientras archivamos expedientes. Sus manos rozan las mías al pasar carpetas, un calor sube por mi piel. ‘Carmen, ¿vienes a mi despacho? Hay que revisar unos papeles privados’, me dice con esa voz grave. El corazón me late fuerte. Entro, cierra la puerta. El espacio se hace íntimo, solo nosotros, el olor a café y papeles viejos. Se acerca, su aliento en mi cuello. ‘Desde que te vi, no paro de imaginarte’, murmura. Nuestras miradas se clavan, el aire pesa. Siento mi coño humedecerse ya. Él pone su mano en mi cintura, yo no me aparto. ‘Pablo… ¿y si alguien entra?’, digo temblando de excitación. ‘Calla, déjame verte’, responde, y me besa. Labios carnosos, lengua invadiendo mi boca. Manos bajan a mi culo, aprietan fuerte. La tensión explota.
La tensión sube entre expedientes y miradas furtivas
Ya no hay vuelta atrás. Me empuja contra el escritorio, desabrocha mi blusa. Mis tetas saltan, pezones duros como piedras. ‘Joder, qué tetas tan ricas’, gruñe lamiéndolas, mordisqueando. Yo bajo la cremallera de su pantalón, saco esa polla gorda, venosa, ya tiesa como una barra. ‘Mira cómo me has puesto, puta’, dice. Me arrodillo, la miro babear. Salado, con olor a macho sudado del día. Saco la lengua, lamo el glande, chupo despacio. ‘Sí, así, trágatela toda’, gime. La meto hasta la garganta, la meneo con la mano, bolas en la otra. Él jadea, me agarra el pelo. No aguanta, me llena la boca de leche caliente, espesa. Trago lo que puedo, el resto chorrea por mi barbilla hasta las tetas.
El polvo brutal: polla en la boca, coño chupado y culo reventado
Me levanta, me quita la falda y las bragas. ‘Mira ese coño mojado, chorreando por mí’. Me tumba en la mesa, pies en los reposapiés del archivador, como en un potro. Separa mis labios, hunde la cara. Lengua en mi clítoris, chupando fuerte, dedos dentro, tres de golpe follándome el chocho. ‘¡Ah, joder, Pablo! No pares…’, grito mordiéndome el labio. Me corro como una loca, squirt en su boca, él lame todo, hasta mi culito. Lo moja con mi jugo, mete un dedo. ‘Relájate, te voy a follar el culo’. Vuelvo la polla a su sitio, me penetra el coño primero, embiste duro, golpeando el fondo. ‘¡Qué apretado tienes!’, ruge. Contraigo, lo aprieto más. Cambio a perrito sobre la mesa, expongo culo y coño. Empuja en mi ano, despacio al principio. Duele un poco, pero el placer gana. ‘¡Sí, rómpeme el culo!’, gimo. Acelera, una mano en mi clítoris, folla como un animal. Se corre dentro, semen caliente llenándome el ojete. Yo exploto otra vez, piernas temblando.
Sudados, jadeantes, nos miramos. ‘Joder, ha sido brutal’, dice riendo bajito. Nos limpiamos rápido con pañuelos, nos vestimos. ‘Vuelve al curro, como si nada’, susurra guiñando. Salgo, cara roja, coño y culo palpitando, semen goteando un poco. Vuelvo a mi mesa, colegas ajenos. Él sale minutos después, profesional. Adrenalina pura, morbo total. Mañana… ¿repetimos?