Trabajo en un despacho de abogados en el centro de Madrid. Tengo 22 años, soy licenciada en derecho y mi jefa, Sol, es una madurita de 45 que me vuelve loca. Pelo negro, curvas perfectas, siempre con faldas ajustadas que marcan su culo redondo. Hoy fue uno de esos días… Estábamos solas en la oficina, tarde, revisando expedientes. Nuestros escritorios pegados, rozando las rodillas. La miro de reojo, ella me pilla y sonríe. ‘¿Qué pasa, María? ¿Te distraes?’, dice con voz ronca. Me encojo de hombros, ‘Nada, jefa… es que hace calor’. Sus ojos bajan a mi blusa, semiabierta. Siento el corazón acelerado. Se levanta, cierra la puerta con llave. Clic. El espacio se hace íntimo de golpe. ‘Ven, ayúdame con este cajón’, murmura, agachándose. Su falda sube, veo las braguitas blancas. Me acerco, mi mano roza su muslo por ‘accidente’. Ella no se mueve. ‘¿Te gusta lo que ves?’, susurra. Trago saliva. ‘Eh… sí, Sol. Me poneis’. Sus dedos tocan mi barbilla, me obliga a mirarla. Nuestras bocas cerca, aliento caliente. La tensión es eléctrica, como si fuéramos a explotar.
No aguanto más. La beso, salvaje. Lenguas enredadas, gemidos ahogados. ‘Shh, que nos oigan’, dice riendo bajito. La empujo contra el escritorio, le subo la falda. ‘¡Qué puta eres!’, gruñe ella, excitada. Le bajo las bragas de un tirón, su coño depilado brilla, ya mojado. Huele a sexo puro. Le meto dos dedos directo, chapotea. ‘¡Joder, María, así! Folla mi coño’. Bombeo rápido, pulgar en el clítoris hinchado. Ella jadea, agarra mis tetas por encima de la blusa, pellizca pezones duros. ‘Quítate la ropa’, ordena. Me arranco la falda, quedo en tanga. Me da la vuelta, me pone a cuatro sobre los papeles. ¡Zas! Azote en el culo. Duele rico, quema. ‘Esto por mirarme todo el día’, dice. Otro azote, más fuerte. Mi culo arde, pero mi coño chorrea. ‘¡Más, jefa! Castígame’. Me azota diez veces, alternando cachetes. Roja como tomate, palpito de placer. Baja, lame mi raja. Lengua en el ano, luego chupa clítoris. ‘Sabe a miel tu coño’, murmura. Me corro gritando bajito, piernas temblando, jugos por sus labios.
La tensión sube entre los expedientes
Ella no para. ‘Ahora yo’. Se tumba en el sofá del jefe, piernas abiertas. Coño rosado, labios gordos abiertos. Me arrodillo, hundo la cara. Lamo voraz, sorbo su crema. Dedos dentro, tres, follo duro. Gime: ‘¡Sí, cabrona, rómpeme el coño!’. Le meto la lengua profunda, chupo clítoris como loca. Se corre a chorros, me moja la cara. ‘¡Hostia, qué orgasmo!’. Nos besamos, saboreando nuestros jugos. Sudadas, jadeantes. Pero oímos pasos fuera. ‘Rápido, vístete’. Nos ponemos la ropa a toda prisa, alisamos faldas, peinamos. Abro la puerta, aire normal. Volvemos a los ordenadores como si nada. ‘¿Seguimos con el expediente?’, pregunto sonriendo. Ella guiña: ‘Sí, pero esta noche repetimos en mi casa’. Adrenalina total, el culo me pica aún. Nadie sospecha. Trabajo como si de rien n’était, pero mi coño palpita recordando.