Mi follada prohibida en la oficina que casi nos pilla el jefe

Uf, hoy en la oficina ha sido… intenso. Hacía un calor de cojones, así que me puse esa falda blanca cortita, de las que se suben solas, y una blusa fina que deja ver todo. Sin sujetador, claro, mis pezones marcando desde el principio. Carlos, mi compañero de al lado, no paraba de mirarme el culo cada vez que me levantaba por café. ‘Ey, María, ¿qué tal el día?’, me dice con esa voz ronca, pero sus ojos clavados en mis tetas. Yo sonrío, cruzo las piernas despacito para que note que no llevo bragas… espera, no, aún sí.

Después de revisar unos expedientes, me levanto y voy al baño. Me bajo la falda, engancho el tanga verde con los dedos… húmedo ya. Lo meto en la mano abierta y vuelvo a la mesa. ‘Guárdamelo’, le susurro a Carlos, dejándoselo en el bolsillo. Me siento, subo la falda atrás para que mi culo toque directo la silla fría. Mmm, ya siento el coño mojado rozando. Él me mira, incrédulo, pero su polla se marca en los pantalones.

La tensión subiendo entre los expedientes y miradas calientes

Comemos el almuerzo rápido. Saco una cajita del bolso. ‘Ábrela’. Dos bolas chinas brillan. ‘Ya sabes qué hacer’, me dice él, con sonrisa pícara. Vuelvo al baño, me las meto despacio, una por una, sintiendo cómo me abren el coño. Camino de vuelta rulando las caderas, cada paso un cosquilleo que me pone a mil. La gente mira, pero finjo que busco un papel. Me siento y pongo el pie descalzo en su paquete. Duro como piedra. ‘¿Listo para más?’, le digo bajito.

Para rematar, otra cajita: un collar con cadenas y pinzas. Al baño otra vez, me acaricio los pezones duros, los pinzo… duele rico. Luego las labios del coño, tirando un poco. Bajo tres botones de la blusa, la cadena cuelga visible entre mis tetas y abajo. Camino lento, sintiendo todas las miradas en mi escote y culo. El jefe pasa cerca, pero no nota nada… aún.

‘Vamos a la sala de reuniones, hay que revisar eso’, le digo a Carlos. Cerramos la puerta, echamos el pestillo. Ya privado. Él me empuja contra la mesa, manos en mis tetas, tirando las pinzas de golpe. ‘¡Ahhh, joder!’, gimo, el dolor me hace correrme un poco. Me baja la falda, abre mis piernas. ‘Quítamelas con la boca’, le ordeno. Se arrodilla, lengua en mi coño, chupa el cordón de las bolas. Las saca una a una, succionando, mi jugo chorreando por su barbilla. ‘Tu coño está empapado, puta’, gruñe.

El polvo brutal en la sala vacía y el regreso fingiendo normalidad

Me pone de rodillas, yo le bajo los pantalones. Su polla sale tiesa, gorda, venosa. La chupo hambrienta, garganta profunda, babeando. ‘Fóllame la boca’, le pido. Él agarra mi pelo, me empala hasta las arcadas. Luego me sube a la mesa, piernas abiertas. Me clava la polla de un golpe en el coño, follándome duro, mesa crujiendo. ‘¡Más fuerte, Carlos, rómpeme!’, grito bajito por si oyen. Cambia, me gira, escupe en mi culo y mete dedos. ‘Quiero tu culo ahora’. Lubrica con mi propio coño y empuja. Duele, quema, pero me encanta. Me folla el ojete sin piedad, bolas golpeando mi clítoris. Me corro gritando, apretándolo dentro.

Él sigue, polla hinchada. ‘Me voy a correr en tu boca’. Me saca, me arrodillo. Chorros calientes en mi lengua, trago casi todo, el resto me lo unto en las tetas. Jadeamos, sudorosos. ‘Joder, ha sido brutal’, dice él, besándome.

Rápido, nos limpiamos con kleenex. Quita cera… espera, no, restos de jugos. Me pongo la falda, blusa abotonada a medias, cadena escondida. Él guarda todo. Salimos, fingiendo hablar de informes. Vuelvo a mi mesa, culo aún palpitando, coño chorreando en la silla. El jefe pasa: ‘Todo bien, equipo?’. ‘Sí, perfecto’, digo sonriendo, cruzando piernas para no gemir. Adrenalina pura, mañana más.

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