Trabajo de secretaria en una oficina grande, de esas con eventos corporativos llenos de copas y gente falsa. Hoy había una recepción por un cliente importante. Yo, Lola, con mi falda ajustada y sin bragas debajo, porque me pone cachonda el roce. Veo a Carlos, mi jefe, el cincuentón con polla gorda que me folla de vez en cuando. Me pilla mirándole el paquete mientras habla con proveedores. Sonríe, pícaro. ‘¿Qué tal, Lola?’, dice acercándose, su aliento a whisky. ‘Bien, jefe, pero hace calor aquí, ¿no?’. Me roza el brazo, casual, pero noto su mano bajar un poco. La gente charla, risas, bandejas de canapés. Yo me pego a él, disimulo cogiendo una copa. ‘Cuidado, que tu mujer anda por ahí’, le susurro, pero froto mi muslo contra su pierna. Siento su polla endurecerse bajo el pantalón. ‘Chsss, discreción’, murmura, pero sus ojos dicen ‘te quiero ahora’. La tensión me moja el coño. Miro alrededor, nadie nos pilla. ‘Ven, te enseño unos papeles’, me dice, y me lleva por el pasillo. Corazón latiendo fuerte, adrenalina pura. Empujo la puerta de un despacho vacío, el de contabilidad, con pestillo. Cierro. Ya estamos solos.
Sus manos en mi cintura, me besa el cuello. ‘Joder, Lola, estás empapada’, dice metiendo dedos bajo la falda. ‘Sí, por ti, cabrón’, gimo. Me sube la falda, ve mi coño pelirrojo sin nada. ‘Puta sin bragas…’. Se arrodilla, lengua directa al clítoris. Aah, lame como loco, chupando mis labios hinchados. ‘¡Sí, así!’. Agarro su cabeza, huelo su colonia mezclada con mi flujo. Meto dedos en su boca, luego en mi culo para lubricar. Él gime. Me pongo a cuatro patas sobre el escritorio, papeles volando. ‘Fóllame el culo, jefe’. Escupe en mi ojete, empuja su polla gorda. Duele rico, entra centímetro a centímetro. ‘¡Joder, qué estrecho!’. Empieza a bombear, plaf plaf, sus huevos golpean mi coño. Yo me froto el clítoris, chorros de jugo salpican. ‘¡Más fuerte, rómpeme!’. Cambia, me voltea, polla al coño. Entra fácil, chapotea en mi humedad. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Siento su vena palpitar, me clava hondo. Grito bajito, orgasmo me sacude, piernas temblando. Él gruñe, ‘¡Toma mi leche!’, y eyacula chorros calientes, desbordando mi coño. Sudor, olor a sexo fuerte. Nos quedamos jadeando.
La tensión sube entre miradas y escritorios
‘Hostia, qué polvazo’, dice él, besándome. Me bajo la falda, coño goteando semen por las piernas. Él se sube el pantalón, se pasa la mano por el pelo. ‘Venga, volvamos, que no sospechen’. Limpiamos rápido con kleenex, olor a corrida impregna el aire. Salimos, yo delante, él detrás. En la sala, copas tintinean, risas. Su mujer me saluda, ‘¡Qué guapa, Lola!’. Sonrío, ‘Gracias, ¿verdad que sí?’. Carlos pasa, me guiña ojo disimulado. Vuelvo a mi mesa, siento el semen secarse en mis muslos. Adrenalina aún, sonrisa tonta. Mañana, lunes, como si nada. Pero ya pienso en el próximo riesgo.