Follada prohibida en la oficina: mi polvo con el nuevo

Trabajo en una oficina grande de consultoría, soy María, 49 años, jefa de equipo. Me cuido, tetas firmes, culo apretado en faldas lápiz. El nuevo, Pablo, 25 años, ex nadador. Torso marcado bajo la camisa blanca, 1,80 m de puro músculo. Desde su primer día, noto sus brazos, cómo se estira en la silla. En el open space, entre pilas de dossiers y pantallas, empezamos con miradas. Él me pilla observando, sonríe tímido. Yo… ehm… le devuelvo la mirada, mordiéndome el labio. ‘Pablo, ¿puedes venir con el informe azul?’, le digo por el chat interno. Se acerca a mi mesa, huele a colonia fresca, sudor leve del esfuerzo. Nuestras manos rozan al pasar papeles. El pulso se acelera. Siento el calor entre las piernas. ‘Esto… hay que revisarlo en privado’, murmuro, voz ronca. Él asiente, ojos en mi escote. Cierro la puerta de mi despacho a las 18h, oficina casi vacía. Persianas bajadas, solo el zumbido del aire. ‘Siéntate’, digo, pero me acerco. Mi mano en su hombro, dura como piedra. ‘Eres… joder, qué cuerpo’. Él balbucea: ‘María, yo…’. Le callo con un dedo en los labios. Le cuento rápido: ‘Mi marido y yo tenemos un pacto. Él me deja follar con quien quiero, le pone verme gozar. Tú me has puesto cachonda desde el día uno’. Sus ojos se abren, pero su polla ya abulta los pantalones. Le beso el cuello, salado. Manos en su pecho, desabrocho botones. Piel caliente, pezones duros.

Le empujo contra el escritorio. Me arrodillo, lento. Desabrocho su cremallera, tiemblo un poco. Saco esa polla gorda, venosa, ya tiesa como hierro. ‘Joder, qué pedazo de verga’, susurro. La miro, huelo su aroma masculino, pre-semen brillando en el glande. Empiezo suave, lengua en la punta, saboreo salado. Él gime: ‘Oh… María…’. La engullo entera, garganta profunda, sin arcadas. Chupó fuerte, saliva chorreando. Bolas pesadas, las lamo, succiono una, luego las dos. Mi dedo índice va atrás, roza su ano apretado. ‘Relájate, guapo’, digo sonriendo. Empujo suave, entro, masajeo próstata. Él se tensa, jadea: ‘¡Joder!’. Vuelvo a mamarla toda, siento su pulso. Casi corre, pero paro. Experta, sé parar a tiempo. Me pongo de pie, me subo la falda, braga empapada. La arranco. ‘Fóllame ya, sin piedad. Necesito esa polla dura’. Me agacho sobre la mesa, papeles volando, culo en pompa, coño chorreando. Él me agarra caderas, embiste brutal. ‘¡Sí! Más fuerte, cabrón’. Polla gruesa me parte, roza clítoris interno. Gimo alto, riesgo de oírnos. Me jala pelo: ‘Eres una puta cachonda’. ‘Sí, fóllame como a una perra’. Va-et-vient salvajes, huevos golpean mi clítoris. Siento orgasmos subir, coño aprieta. ‘Me vengo… ¡ahhh!’. Él gruñe, saca, chorros calientes de leche en mi culo, raia fétida, gotea a coño. Agotados, jadeos. Huele a sexo puro, sudor, semen.

La tensión sube entre expedientes y miradas

Me limpio rápido con kleenex, falda abajo. Él se sube pantalones, cara roja. ‘Vístete, volvemos al curro’, digo seria, como si nada. Sonrío pícara: ‘Mañana más informes, ¿eh?’. Salimos, pasillo vacío. Regreso a mi mesa, él a la suya. Miradas cómplices. Adrenalina pura, corazón latiendo. Mi móvil vibra: mensaje de mi marido. ‘Cuéntame todo’. Sonrío, typing: ‘Polla enorme, me ha llenado’. Vuelvo a los dossiers, piernas temblando aún. Como si nada. Pero dentro, fuego.

Leave a Comment