Ay, chicas, no sabéis lo que pasó ayer en la oficina. Yo, Marta, 42 años, secretaria jefa, siempre con ganas de liarla. Ese Carlos, mi compañero del departamento contable, me mira desde hace semanas. Esos ojos… uf, me queman. Ayer, fin de mes, todos con el culo pelado revisando dossiers. Yo en mi mesa, él al lado, rozando rodillas bajo la mesa. ‘¿Todo bien, Marta?’, me dice bajito, con esa voz ronca. Le sonrío, cruzo las piernas despacio, sintiendo mi tanga ya húmeda.
La oficina vacía poco a poco. Jefe se va temprano, resto a casa. Quedamos solos archivando papeles en la sala de atrás. Puerta entreabierta, riesgo total. Se acerca, huele a su colonia mezclada con sudor de estrés. ‘Necesitas ayuda con estos?’, susurra, su mano roza mi cintura. Me estremezco. ‘Sí… pero cierra la puerta, eh?’. No la cierra del todo, la deja entornada. Adrenalina pura, por si alguien vuelve. Nuestras miradas se clavan, respiramos pesado. Su polla ya abulta los pantalones. Yo me muerdo el labio, ‘Carlos, joder, no mires así o te follo aquí mismo’.
La tensión sube entre papeles y miradas
Sus manos en mis tetas sobre la blusa, pezones duros como piedras. Me besa el cuello, lamidas calientes. ‘Marta, estás empapada, lo noto’. Desabrocha mi falda, dedos en mi coño. Húmedo, chorreando. Gimo bajito, ‘Shh, cabrón, nos pillan’. Pero empujo sus hombros, bajo de rodillas. Desabrocho su cremallera, saco esa polla gorda, venosa, ya babosa de precum. La huelo, salada, masculina. La meto en boca, chupo fuerte, lengua en el glande. Él gime, agarra mi pelo. ‘Joder, Marta, qué boca…’. La mamada profunda, hasta la garganta, saliva por todos lados.
Me pone contra la mesa, dossiers volando. Falda arriba, tanga a un lado. ‘Fóllame ya, no aguanto’. Su polla roza mi coño, entra de un empujón. Llena, gruesa, me parte. ‘¡Ay, coño, qué dura!’. Empieza a bombear, lento primero, sintiendo cada vena frotando mis paredes. Acelera, palmadas en mi culo, sudor goteando. ‘Tu coño aprieta como puta, Marta’. Yo araño la mesa, ‘Más fuerte, rómpeme, pero calla…’. Cambiamos, yo encima, cabalgando salvaje. Tetetotas rebotando, clítoris frotando su pubis. Orgasmo me sube, tiemblo, chorro moja su polla. ‘Me corro, joder… ¡Sí!’.
El polvo brutal y sin filtro
Él me gira, perrito contra archivador. Me taladra profundo, huevos golpeando mi culo. ‘Me vengo, Marta…’. ‘Dentro, lléname de leche’. Suelta, chorros calientes inundando mi coño. Gemidos ahogados, cuerpos pegajosos. Sudor, semen escurriendo por muslos. Nos quedamos jadeando, besos rápidos. ‘Ha sido… brutal’, dice él, besando mi hombro.
Rápido, nos arreglamos. Blusa abotonada, falda lisa, semen aún dentro, chorreando un poco. Limpiamos papeles rápido. ‘Vuelve a tu mesa como si nada’, le digo, guiñando. Salimos, luces oficina normales. Compañeros mañana ni se enteran. Yo siénto su corrida cada paso, sonrisa pícara. Adrenalina total, ya quiero más. ¿Quién dijo que el trabajo es aburrido?